lunes, 27 de octubre de 2014

Vida en Kathmandú y retiro en Pharping



Estos días se ha celebrado en Nepal el Diwali, el año nuevo hindú y conocido como el festival de las luces. Es una fiesta de origen hindú que dura unos 5 días. La gente decora las casas y las calles con flores y luces, estrena ropa, pinta las fachadas de las tiendas y hasta asfaltan la calle para mostrar la mejor cara de la ciudad. Centenares de niños como los que nos paraban durante el trekking se acercan a la entrada de los comercios a cantar una canción para que les den una propina. Algunos niñas, que van preciosas vestidas hacen un pequeño baile.
En las entradas de cada comercio los dueños hacen dibujos a cual más bonito y más colorido para gusto de los turistas que no paramos de hacer fotos aquí y allí.
Nos cuenta un nepalí con el que compartimos mesa en la cena, que un día se celebra el día de los perros, otro el de los cuervos, otro el de las vacas y otro se celebra comiendo con los hermanos. Son días de compras de dulces, vestidos y todo lo necesario para las fiestas. Todos están contentos y los más jóvenes circulan en motos y camionetas cantando y bailando.






La vida en Kathmandú
Tantos días en la capital han hecho que todo nos resulte familiar y hasta reconozcamos a la misma gente: el albino que vende flautas, el que vende bálsamo de tigre, el mendigo que duerme en la esquina o los 10 ó 12 que te repiten cada día si quieres droga. También nos ha ayudado a encontrar nuestros rincones preferidos como el localito de la señora María que nos prepara en el momento unas momos (empanadillas al vapor) deliciosas mientras ve la telenovela;  el delicioso café del centro comercial con dibujito incluido con un camarero muy amable, la bakery con la mejor tarta de queso y el minimarket con los mejor precios.
Alex como es una brújula no deja de sorprenderme por su orientación y se mueve como pez en el agua entre callejuelas que a mí me parecen todas iguales. 

La burocracia india
Ayer por fin pudimos ir a la embajada india (que también estuvo cerrada por fiestas) y recibir la buena noticia de que nos daban la visa para tres meses, yuhuu! Aún tenemos que volver el lunes para recoger nuestro pasaporte con el visado, pero después de tantos problemas, prueba superada: que si foto de pasaporte de tamaño especial, formulario con mil datos sobre nosotros, nuestros padres, nuestros abuelos y hasta de  tatuajes, hacer fila en la puerta 1 hora antes de que abran para asegurar que te atienden y tres visitas obligadas a la embajada. Eso sí, mientras esperas puedes entretenerte con la estampa más variopinta de guiris que esperan junto a ti. Unos se ponen a hacer yoga en el suelo, otros no han visto una ducha en un año, enfados en ventanilla porque no le conceden el visado a uno, y para colmo un señor mezcla entre señor Barns y Karl Lagerfield  acompañado de su súbdito que consigue el visado a golpe de talón,…todo un espectáculo.
Con la alegría de tener el visado pusimos rumbo a la estación para coger un bus a Baktapur.

Baktapur
Ayer visitamos este bonito pueblo a 20km de Kathmandú. Nos gustó mucho más que Patan o la Durbar square de Kathmandú. Más limpio y cuidado y también más relajado.




El transporte
Mención especial merece el transporte. Sólo cogimos taxi el día de llegada contratado por el hotel. El primer día que fuimos a Patan, a unos 8km de la capital, preguntamos como a diez personas por el bus hasta subir a uno. Todos muy amables nos fueron guiando e indicaron correctamente el camino (no como en Tailandia). Existen autobuses y furgonetas de diversos tamaños, aunque el número de personas que puede transportar es inimaginable, todo en función de lo apretujado que vayas. Y desde luego que la vida útil de un autobús por estos lares, puede ser superior a la de un humano. En cada uno va un chico agarrado de un brazo al vehículo que va parando en cada parada y gritando los sitios a los que va. No para de pegar golpes en la chapa a modo de lenguaje con el conductor que debe significar algo así como “tira”, “espera”, “que sube uno”, “gira”, a veces también acompañado de silbidos con otro significado concreto. Lo que en un taxi puede costarse 800 rupias (6,5€) en bus te cuesta 25 rupias (0,20€). Si tienes la suerte de coger asiento al principio tu trayecto puede llegar a ser cómodo, si no, es otro cantar. Porque aunque parezca que el bus está lleno y no cabe un alfiler, si en la parada hay gente entrarán sí o sí. 



Pharping
Hoy ha sido un día movidito. Por la mañana hemos preparado una mochila con ropa para dos días y hemos dejado la mochila grande en el hotel con la esperanza que de siga allí a la vuelta. Sólo hemos dejado ropa, así que la pérdida tampoco sería muy grande.
Queríamos alejarnos del mundanal ruido y tras leer que en Pharping había muchos templos budistas, hemos cogido el bus con la intención de pasar el fin de semana en un templo, si alguno nos acogía.
Hemos ido a la estación de bus y nos han indicado el bus que teníamos que coger. Multitud de personas se agolpaban en la puerta con bolsas. Hoy es día de fiesta y muchos visitan a sus familiares. Nos hemos quedado parados decidiendo si subir o no porque nos tocaría ir de pie y en un momento de valentía hemos dicho “pa dentro”. El chico del bus nos ha indicado que pasásemos al fondo y cuando he podido colocarme y me he girado para ver a Alex no he podido parar de reír. Tenía que ir con la cabeza doblada porque pegaba con el techo del bus.  Una señora muy amable me ha indicado que me sentase en el reposabrazos que hace la función de tercera fila de asientos. Apretujados a más no poder seguía subiendo gente en cada parada nos íbamos recolocando para que todos cupiesen viniéndome a la mente la locución “por favor, pasen a la plataforma trasera del autobús”. Cuando ya no cabía nadie más, ha comenzado la escalada al techo del autobús con cestos incluidos. A mitad de trayecto se ha ido bajando gente y hemos podido sentarnos; a partir de entonces ha sido mucho más llevadero. Entre toda esa marabunta de gente ha subido un chico bastante elegante vestido que enseguida se ha puesto a hablar con nosotros. Era un bussinessman que había trabajado en India, Singapur y Manchester. Hablaba un inglés impecable. Venía a hacer unos trámites para montar un restaurante nepalí en Manchester. Nos ha enseñado fotos del local y se veía chulísimo.
En Nepal todo el que sepa algo de inglés se acerca a hablar con nosotros. Los niños te dicen “hello”, “how are you?” y te preguntan de dónde eres. Hablar  inglés en un país que depende tanto del turismo es clave para labrarte un futuro, por eso es una de las principales asignaturas en las escuelas.
Llegados al pueblo, hemos comido un Dal Bath, plato preferido de Alex y nos hemos puesto a buscar un monasterio budista donde dormir. Ha sido fácil, pues en el segundo que hemos entrado nos han alojado en una habitación al módico precio de 500 rupias. Es un monasterio escuela, y los pequeños monjitos  estaban hoy de fiesta porque es sábado. Mañana toca día de clase. A la 6h iremos al rezo común y por la tarde a las 19:30h iremos a verles debatir entre ellos usando sus conocimientos de lógica.
Aquí también se encuentra uno de los principales templos hinduistas dedicado a la diosa Kali, diosa de la destrucción. Los jueves y sábados sacrifican muchos animales y Alex y yo hemos ido por la tarde a ver ese peculiar ritual, pero nos han contado que el día 23 fue la gran celebración por el Diwali  y hoy estaba todo tranquilo, sin sangre.    






Budismo e hinduismo
Esta mañana hemos asistido al rezo de la mañana. Los niños iban medio dormidos y los mayores los encargados de poner orden.
Después hemos visitado varios templos budistas a cual más bonito. Todos limpios y muy bien cuidados en los que se respira paz. Puedes entrar el cualquiera y te reciben con las manos abiertas sin pedir nada. Por contra, hemos tenido una mala experiencia en un templo hinduista donde intentaban engañarnos, pero a estas alturas ya hemos aprendido bastante.
Nos hemos encontrado a un inglés que vive por aquí y nos ha indicado un templo para ver. Hemos visto una celebración espectacular de cantos, trompetas tibetanas y color.
Nos ha venido genial este sitio, donde se respira paz y tranquilidad, el aire es fresco, limpio y apenas hay turistas. Hasta los colores son más vivos. Nos vendrá bien para coger fuerzas y energía para la India. El martes volamos rumo a Calcuta.







jueves, 23 de octubre de 2014

Trekking Campo Base del Annapurna



Dos días antes de lo previsto volvemos a Kathmandú. Llegamos desde Pokhara tras un largo trayecto de 8 horas en bus para recorrer 200 km. Por suerte yo dormí casi todo el tiempo.

Ahora en la ciudad y atrapados más días de los esperados por  los inconvenientes que nos está causando el visado para India, recordamos con nostalgia el aire puro de las montañas y los días duros del trekking.

Hoy me arrepiento de que decidiésemos volver y de no haber llegado hasta el campo base del Annapurna, sobre todo por no haber podido cumplir el deseo de Alex, pero leyendo algunos relatos de personas que sufrieron la avalancha, reflexiono y pienso que lo hubiésemos pasado mal. Hago balance de lo vivido y no puedo estar más contenta de la experiencia. Esta es la crónica.

Llegada al punto de partida: Pokahara


El día 1 nos recogió Prakash en nuestro hotel, el que iba a ser nuestro porter, que resultó ser guía+porter y que acabó siendo nuestro guía+porter+amigo+ángel de la guarda. Sin duda gracias a él el disfrutamos mucho más del trekking.

Alex descansando con Prakash (Brocas para nosotros).


Ese día hicimos el trayecto de Kathmandú a Pokhara, población desde la que parten la mayoría de los trekking. No paró de llover en todo el día (también en las montañas) y se nos mojó casi toda la ropa que llevabámos en la mochila. Empezábamos desanimados. Alex y yo llevábamos mochila pequeña, además de 2 litros de agua cada uno que íbamos purificando con nuestro botecito de cloro; yo llevaba un saco térmico que alquilé y que nunca utilicé. Prakash llevaba su mochila y la mía grande donde llevábamos la ropa de Alex y mía. El resto se quedó esperando en el hotel de Pokhara con miedo a que al volver estuviese toda la ropa podrida.

Condiciones adversas versus esfuerzo


Desde luego no estábamos en nuestra mejor forma, pero confiaba en que nuestro cuerpo respondiese y nos aclimatásemos bien a la montaña. Y así lo hizo. El primer día comprendí, tras un bajón de azúcar,  que sin energía no puedes afrontar cada etapa, así que tratamos de comer bien siguiendo nuestra dieta vegetariana pero aportando toda la energía que consumíamos por completo. Puedo decir que en mi vida he sudado tanto, ni he subido tantas escaleras, ni las he vuelto a bajar y probablemente sea el mayor esfuerzo que he hecho.  El primer día cogí un catarro del que aún no me he desprendido; el tercer día tuve 37,9ºC  de fiebre y a los pocos días me vino la regla, por lo que mis condiciones no eran las mejores. Sin embargo, estoy orgullosa del esfuerzo realizado y de cómo me adapté, las piernas respondieron perfectamente y puedo decir que físicamente me encontré muy bien. Lo que más miedo me daba era la altura y no tuvimos problemas. Alex fue muy bien hasta los últimos días en los que tocó más bajadas que subidas y su rodilla se resintió. Claro que cualquier esfuerzo nuestro es minúsculo comparado con el que realizan porteadores, mujeres y hasta niños que en su día a día el único disponen como medio de transporte su propio cuerpo o la ayuda de un burro/pony. Son seres humanos adaptados a su medio y sus circunstancias y el esfuerzo físico es el pan de cada día, aunque quizás eso sea lo normal y seamos nosotros los que nos hemos debilitado rodeados de tantas comodidades.
También había tiempo para descansar.

Subir, bajar, subir, bajar


Caminábamos una media de 5 a 6 horas diarias y por la tarde descansábamos, así teníamos tiempo de sobra para recuperarnos. Caminar es sólo una manera de expresarlo, porque en realidad se trataba de subir y bajar miles de escaleras! Oí a un hombre turco decir que en todo el trekking al ABC (Annapurna Base Camp) había unas 50.000 escaleras y que muchas personas (sin contar la gente que vive allí) no subirían tantas escaleras en toda de su vida. Tenía razón en ambas afirmaciones. Yo empecé a contar escaleras y cuando llegué a 800 en menos de una hora, dejé de hacerlo y dedicar mis pensamientos a algo más interesante.
En un puente, al fondo Prakash y porteadores en chanclas, increíble.

Nayapul-Ulleri (1960m)


El día 2 comenzó nuestro trekking desde Nayapul, donde nos acercaron con un taxi. Como era más tranquilo, alargamos un poco más el recorrido después de comer para que al día siguiente fuese más llevadero. Esa tarde nos cruzamos con un español que nos contó la noticia de la avalancha. Nuestro guía empezó a hablar con otros guías y a extenderse la noticia. Muchos no sabían nada. Nos dijeron que habían muerto 3 personas y 200 desaparecidos.

Amanecer en Poon Hill


Al día siguiente subimos a 2874 m. Las vistas son espectaculares y desde la cama podemos ver toda la cordillera del Annapurna. Esa noche me pongo con fiebre, pero al día siguiente a las 4h subimos a Poon Hill (3.210m) a ver amanecer y no me lo quiero perder. Así que sigo todos los consejos que me da Prakash, tomo té al limón caliente, sopa de ajo, no me ducho (muy a mi pesar) y me da una medicina ayurveda para respirar mejor. Alex me cuida y a la mañana siguiente estoy mejor. Partimos en procesión con las lucecitas de nuestros frontales escaleras arriba a ver amanecer. Preciooooso! Está todo lleno de gente porque es temporada alta: muchos chinos, muchos americanos, alemanes y franceses. En los descansos entre escaleras y sobre todo en los comedores de los alojamientos cruzas historias con unos y con otros; de dónde vienes, a dónde vas, cuánto tiempo. A algunos les contamos nuestro viaje. A veces se dan situaciones tan subrrealistas como estar sentados en una mesa dos italianas, dos españoles y dos franceses hablando todos en inglés. Al final me animo y hablo un poquito francés con el señor que resulta ser de Perpignan y que también habla español. 



Guía-porteadores-turistas todos seres humanos


Muchos turistas van con porteadores y guías. Algunos con tanto peso que no sé de dónde sacan las fuerzas. Ajustan el peso en la cabeza y se lanzan a subir escaleras a veces en chancletas. Vemos algún niño dentro de un cesto como un paquete más y otra más comodona que hace el trekking en pony. Hay para todos los gustos y bolsillos.

Normalmente el guía nos acompaña, aunque luego comen y duermen aparte. Se encarga de que tengamos todo lo necesario. A veces roza casi el servilismo y eso no me gusta, pero parece que es su trabajo y se sienten en el deber de hacerlo. Prakash resulta ser un guía encantador. No sólo con nosotros sino con todos los viajeros. Habla con todo el mundo y siempre con una sonrisa en la cara. Tan pronto nos consigue un palo para el camino como unas cartas para jugar. Habla muy bien inglés porque estuvo trabajando en Dubai y sus 26 años le han dado para mucho. Es hindú y en los ratos libres que compartimos nos cuenta de su vida, de su familia, de sus costumbres. Nosotros de las nuestras. A veces nos despierta un poco antes porque tenemos que ver  “nice views!” (bonita vistas, por la mañana). Siempre alegre.


El accidente en el Annapurna es más grave de lo que pensamos


No dejamos de oír helicópteros y avionetas de rescate que sobrevuelan las montañas. Nos preocupamos. Nos dicen que hay 20 muertos y muchos desaparecidos. Yo pensaba que la noticia no llegaría a España, pero ante esa magnitud  seguro que sí; me preocupo porque sé que la familia estará preocupada. Valentina, una chica italiana que nos acompañaría el tramo final del trekking me dice que ha hablado con su marido y está muy preocupado. Ha salido en todos los medios. Aprovechamos que hay un sitio con internet y mandamos mensaje. Allí coincidimos con Cristina, una española que viaja con su pareja australiana y no se habían enterado de la noticia. Les dejamos que manden un mensaje desde nuestro ipad.



Corea

El día 4 llegamos a Tadapani (2630m). Es una pequeña aldea y se llena al completo. Un grupo de cinco chicos nepalís llegan tarde y tienen que irse hasta al siguiente pueblo en busca de alojamiento, que está a 1 hora. Por la tarde vemos en el comedor a un chico coreano en la esquina con todas sus cosas. Llegó tarde y amenazaba lluvia, así que los dueños de la guesthouse le dejan dormir en el comedor. Le llaman Corea, pero se llama Yun Hee Rack, tiene 34 años, es arquitecto y viaja solo. Nos enseña los proyectos que hace para mantener el patrimonio de su ciudad y nos deja impresionados con una estupa. Ha dejado el trabajo para viajar a India y Nepal, aunque luego vuelve a su ciudad porque quiere ahorrar para casarse al año que viene. En la primera buscaba espiritualidad. Hablamos del budismo, de Corea, de Japón, del modo de vida coreana, de la vida!! Nos define la India como un país donde a veces los sentidos se confunden. Una de las charlas más interesantes del viaje. Le invitamos a dormir en nuestra habitación porque nos sobra una cama, ante la preocupación de Prakash que le advierte que él nos tiene que proteger.  Muy majo el chico y muy agradecido con nosotros. Me dice que tenga cuidado con el catarro y con la altura y me da Diamox (un medicamento para el mal de altura), por si acaso. Él sigue su camino hacia el ABC. Le deseamos suerte.


Seguir o volver


El siguiente destino el Chomrung. Es un punto de inflexión pues desde ahí tenemos que decidir si seguimos al ABC, donde llegamos en dos días o volvemos. Prakash nos dice que hace mucho frío, hay mucha nieve y con mi catarro puedo pasarlo peor. Alex lleva la rodilla hinchada de acumular tantas bajadas. Tampoco llevamos un equipaje muy bueno, pues nuestras zapataillas aunque muy cómodas, no son goretex y la humedad está garantizada. Una americana nos cuenta que siguió hacia el ABC pero se volvió antes por las condiciones difíciles. Su guía sabía la noticia pero no le había contado nada y estaba disgustada. Siguen llegando noticias de que cada vez son más los desaparecidos y fallecidos y que en el ABC hace mucho frío, con nieve hasta la rodilla.

Muy a nuestro pesar, decidimos volver. Es una difícil decisión, porque después de todo el camino recorrido y estar tan cerca… pero somos afortunados de volver sanos y salvos. La avalancha ocurrió en un lugar al que van muchos excursionistas aficionados,  como podíamos haber sido nosotros de elegir un trekking más largo. Más tarde nos cruzamos con un madrileño y un uruguayo que llegaron al ABC pero con muchas dificultades.

Las italianas (madre e hija), con las que coincidimos en el alojamiento hace dos días también se vuelven, a pesar de que ellas hacen habitualmente trekking y van preparadas. Desde allí hacemos el trekking juntos aunque ellas se quedarán dos días más. Serán nuestras compañeras de cartas a las que les enseñamos jugar a la escoba (o escopa en italiano).




Final de etapa


Las dos etapas restantes hasta Landrup y Dhampus discurren entre paisajes más soleados, donde ya llega de vez en cuando algún coche. Alex puede disfrutar de un baño en aguas termales. 


La gente empieza a decorar las casas con flores y luces en la que es una de las fiestas más importantes del año, el Diwali. Los niños nos paran a mitad de camino y nos cantan una canción para echarle unas monedas. Con ese dinero comprarán dulces para las fiestas.


Es una fiesta que dura 5 días, aunque el día más importante es el 25, cuando se reúnen los hermanos para comer juntos.

El día 7, terminamos el trekking en Pokhara donde esta vez sí que luce el sol y podemos disfrutar de un trayecto en barca por su extenso lago. Está todo lleno de niños que vienen con el colegio para celebrar las fiestas.

Reflexión


Ha sido para ambos una experiencia muy bonita. Hemos podido disfrutar de las vistas, las estrellas, las montañas, los paisajes y de la gente. En definitiva, disfrutar del camino, como nos dijo Gema. Nos hemos transportado cincuenta años en el tiempo o más, para aprender a vivir con lo básico, apreciar el valor de lo sencillo: una ducha caliente, ropa limpia, una comida básica pero exquisita, un té caliente, la luz, la celulosa que tanto escasea por aquí! Hemos aprendido a ir al baño a lo indio, a exprimir toda la energía de una barrita de cereales, a escuchar a nuestro cuerpo, cuidarle y exigirle un poco más, a comprender lo que es el trabajo duro de verdad y a disfrutar de las cosas sencillas. Y puedo prometer que nunca más me quejaré cuando el ascensor no funcione y tenga que subir por las escaleras. 




Atrapados por la burocracia india y las fiestas alargamos unos días más nuestra estancia en Kathmandú. El ruido de los pitos y la contaminación nos aturde después de volver de tanta paz y tranquiladad, así que estamos pensando ir el fin de semana a un monasterio budista cercano. Os iremos contando.

sábado, 11 de octubre de 2014

Llegada a Kathmandu



Ya estamos en Kathmandú. Nos ha costado un poco aclimatarnos en horario y clima (por el calor que hace, lo que no esperábamos).

Datos curiosos del vuelo

El viaje fue bueno, al ser dos escalas no eran vuelos muy largos, aunque al final ya no sabíamos dónde estábamos ni con qué moneda pagar.

Mi mochila pesa 8kg y la de Alex 12kg, pero lleva al menos 1,5kg de cosas que dejaremos en el camino, por lo que esperamos aligerar. De momento los del aeropuerto ya se encargaron de robarnos la banderita de Malasia de la mochila (mamones!).


El tema de los aeropuertos requeriría un post especial, por las personas con las que te cruzas y compartes un cubículo durante horas, pero resumo aquí algunas anécdotas.


En el primer vuelo Madrid-Bruselas, nuestros compañeros de viaje eran en su mayoría trabajadores con sus trajes grises de invierno, que a mí me sacaban dos cabezas. Todos acompañados de su troller de mano y diversos gagdets para entretenerse en el que debía ser uno de sus tantos viajes de trabajo.


En el segundo vuelo Bruselas-Abu Dhabi, tuvimos que correr un poco cuando oímos por megafonía Mr. Alejandre…. Volamos con Etihad y muy bien. Lo curioso fue que después de mostrarnos todos los lujos que ofrecían la compañía y el país, cantaron un verso del Corán. Por fin pude ver el último capítulo de Cómo conocí a vuestra madre (Laura, tenías razón, me quedé en plan…qué??).


Abu Dhabi


Como teníamos seis horas de escala en Abu Dhabi, decidimos coger un bus para ver la gran mezquita. En la parada de la mezquita bajamos dos chinas (que resultaron ser canadienses) y nosotros. Por suerte ellas iban también a ver la mezquita y volaban luego en nuestro mismo vuelo. Por mala suerte, resultó que la parada del bus estaba a más de 20 min andando bajo un sol abrasador a las 8:30h de la mañana y tuvimos que coger un taxi hasta la entrada casi desfallecidos. Nuestras amigas eran muy simpáticas y nos dieron el primer abrazo del viaje.  Me recordaron a Lin.


Abu Dhabi es una ciudad que no nos gustó, por lo poco que vimos. En el aeropuerto, similar al de Dubai, lujo en exceso. Y el resto, una ciudad fantasma en la que sólo circulan coches (lógico por el calor que hace) y under construction. Es como si trasladasen el escenario del Show de Truman al medio del desierto.  Casi todos con los que hablamos allí eran nepalís.








La mezquita era bonita sí, pero otra vez todo excesivo, todo a lo grande, que te quedas pensando “qué necesidad”. Con casi 40ºC tapada con chaqueta y cubierta la cabeza con un pañuelo. Y para hacer una foto desde la entrada, bajo la estricta mirada del segurata que le dijo a Alex que no se agarrase a mí (¡¡). 


Y por último el vuelo de Abu-Dhabi a Kathmandu. Nuestro compañero de asiento era un nepalí perfumado en exceso (no me voy a quejar de esto cuando normalmente en el avión los “perfumes” son peores) que volvía por dos meses a su país de vacaciones.  Trabajaba en un centro comercial de Abu Dhabi y nos mostraba orgulloso su carné de trabajador. Supongo que en su país le estaban esperando como a un rey y como tal se trincó su whiscacho en el vuelo.

Llegada a Kathmandú


Por fin llegamos! Teníamos que hacer el visado y tuvimos un pequeño problema burocrático que solucionamos con un papel falso. Es mejor inventarte cualquier cosa y que el funcionario se queda contento, que decir que no tienes algún papel. Así que reaccionamos rápido gracias a los consejos de Fernán y Myriam. Aunque por un momento pensé que no entrábamos al país. Al pasar por el control de pasajeros nos tomaban la temperatura corporal con una cámara. 


El primer día en Kathmandú fue un poco duro porque estábamos con los horarios cambiados y el cansancio acumulado. Desayunamos a las 10h comimos casi a las 16h y no cenamos. Nos dolía bastante la cabeza y los pitidos y el bullicio de la gente lo acrecentaron.





En la plaza Durbar de Kathmandú,


Pero hoy ya funcionamos al horario nepalí y nos hemos puesto una rutina. Madrugamos más y comemos y cenamos pronto, porque aquí amanece muy pronto y a las 18h ya anochece. Y hemos bajado el ritmo. Nada de ritmo turista de querer ver todo. Sólo lo que podamos y nos apetezca. 


Las comidas de momento muy bien. Quizás a la larga nos saturen, pero por ahora encantados. Sólo comemos comida vegetariana ultra-baratísima (hoy la comida 0,70€/persona y la cena 1,5€/persona) y para el desayuno el dulce que compramos en la pastelería el día anterior a partir de las 20h con 25% de descuento. Después de ver cómo están los pollos, las gallinas, la carne a pleno sol y hasta los pobres patos(estos vivos), preferimos prescindir de la carne.

Escaleras de acceso al tempo de los monos.
Los nepalíes son gente amable y cuando les preguntas te ayudan o buscan a alguien para ayudarte; los que son más pesados son los taxistas con el turista o los que quieren venderte algo desde un ajedrez en minuatura hasta marihuana, LSD o hachis. Estamos en temporada alta y hay muchísimos turistas, por lo que supongo que ahora estarán a pleno rendimiento. Hay suciedad, hay pobreza pero más o menos lo esperábamos (sabemos por lo que nos han contado que en la India en mucho mayor). Lo que sin duda es un caos total es el tráfico. Coches, motos, rickshaws y personas se entremezclan sin control por las calles mal pavimentadas y sin aceras. Por eso ahí el que tiene un pito es el amo. Yo voy todo el tiempo desorientada caminando por la derecha en lugar de por la izquierda, esquivando coches, motos y ñapos que cada dos por tres lanzan los/as locales…pero por suerte voy acompañada de mi súper Alex, que descubrió el poderoso valor de su brazo que aprendió de Romis, el recepcionista del hotel. Cuando vamos a cruzar, levanta levemente el brazo y los coches se paran cual Moisés en el cruce del mar rojo. Una maravilla.


Y tenemos otro poderoso que nos hace el día a día más fácil. Nuestro querido ipad del que cada día descubrimos más maravillas. Te dice por dónde ir, cuánto cuesta el taxi y hasta hoy siguiendo su indicaciones hemos entrado a la Durbar Square por la parte de atrás ahorrándonos 1500 rupias (unos 12€). Por el contrario esta nos ha timado un indio 2€ que me han salido del alma, pero nos ha servido de lección. A partir de ahora más perros que niebla. 
Marcado a traición por unos monjes cuando iba despistado con el ipad escondido.


Ya tenemos contratado el trekking para el Campamento Base del Annapurna con los mismos del hotel. Comenzaremos el día 14 porque el lunes 13 tenemos que ir a la embajada de la India a tramitar el visado y durará 10-12 días, por lo que en ese tiempo estaremos incomunicados. Finalmente iremos con porteador.

Poco a poco nos vamos aclimatando al país que nos servirá de trampolín para la India.