jueves, 29 de enero de 2015

Reconciliación con Myanmar y cruce de fronteras

Maravilloso Bagan

El siguiente destino en Myanmar fue Bagan, sin duda uno de mis preferidos y uno de los más turísticos. Para llegar allí cogimos un tren, esta vez en primera clase. El viaje fue un poco mejor que el anterior.
Llegamos a las 4h de la mañana y ya se acercó un taxista para llevarnos al pueblo. Nos pedía 12$ y al final se quedó en 4$, lo que ya nos daba la magnitud de cuán acostumbrados estaban allí al turismo. De camino se unió con nosotros en el taxi una pareja de occidental y china. Llegamos a un check-point donde nos pidieron pagar 20$ por entrar al pueblo. Un dinero que recauda el gobierno y que va incrementando la tarifa por momentos. Dos semanas antes costaba 15$. La otra pareja dijo que quería pagar la tasa en la hostal,  que había leído era posible; pero el de seguridad no nos dejaba pasar si no pagábamos.  Se bajaron del taxi y empezaron a andar a oscuras en dirección de vuelta a la estación. Nosotros al final accedimos a pagar en kyats, la moneda local (en teoría 1$ = 1000 kyats). Pero entonces nos pidió 21000 kyats (luego supimos que el cambio había bajado) y nos enfadamos. Así que sin saber muy bien que haríamos, nos bajamos del taxi y nos fuimos andando en dirección contraria no sin antes descargar nuestro malestar con improperios en español.
Nos juntamos con la otra pareja y acordamos con un taxista que nos llevaría al pueblo sin parar en el check-point, que cruzamos a toda velocidad.
Ya en el pueblo tomamos unos cafés y comenzó la búsqueda de hostal. Los responsables de los hostales dormían en un colchón junto a la recepción y despertamos a más de uno. Muchos llenos, caros, y seguíamos caminando. Yo creo que entramos a más de 15. Y como fuimos pacientes, al final tuvimos suerte y encontramos uno barato y bastante bien. En la recepción rezaba un cartel que se pediría a los huéspedes el pago de la tasa, pero nadie nos la pidió.
Bagan está repleto de pagodas, que se encuentran dispersas por el campo y la forma más cómoda de llegar a ellas es en bici eléctrica (para los vagos) o bici normal. Nosotros alquilamos dos bicis y nos dispusimos a visitar las pagodas más importantes. El primer día fuimos a ver la puesta de sol y una primera toma de contacto. Sólo el trayecto en bici ya me pareció chulísimo. Hemos andado mucho durante el viaje, pero echaba de menos hacer algo de ejercicio y sentir el cuerpo más vivo. Así que pedaleamos y pedaleamos y disfrutamos del camino.



 Al día siguiente madrugamos  para ver amanecer desde alguna pagoda. Nos acercamos a una que era alta y con buenas vistas pero estaba cerrada. Preguntamos a un señor que nos indicó el camino a otra pagoda cercana. Llegamos allí y estábamos solos! Al lado, veíamos como se acumulaban turistas en otra pagoda y nosotros a nuestras anchas. Estaba viendo salir el sol y disfrutando de las vistas cuando de repente aparecieron decenas de globos en el horizonte. Guau! Me pareció una visión espectacular. Parecía una película. Benditos ricos que pagan 300$ para subir en globo y me permiten observar desde abajo un paisaje taaan bonito. La niebla matutina entre las pagodas, el sol asomando a un lado y los globos surcando el cielo. Tenía que dividir mi tiempo entre observar aquella maravilla y hacer fotos para capturar ese momento. Alex se ilusionaba de verme tan emocionada. Sólo por esas vistas merecía la pena ir allí.



Seguimos nuestro recorrido por las pagodas más importantes: una con forma de pirámide egipcia, otra con forma de durian, etc. De vez en cuando veíamos pasar policías en bici y en la carretera cruzábamos los puntos de control sin mirar. Ya estábamos convencidos de que no íbamos a pagar la tasa cuando entramos a una de las pagodas principales y nos topamos de frente con un punto de control. Nos pidieron el justificante de la tasa y nos hicimos los tontos, ¿el qué? Nos enseñó el papel. Le dijimos que lo habíamos olvidado en el hotel. Y empezaron las preguntas…¿dónde lo pagamos?  a la entrada del pueblo, ¿Cuándo? Al llegar por la noche,  ¿cuánto? 20$ cada uno. Le dijimos que podíamos ir a buscarlo y nos pidieron el nombre del hotel. Les dije otro nombre y nos dejaron pasar. A partir de entonces estuvimos alerta y la entrada a cada templo era un nuevo reto. Cuando finalmente salimos del lugar nos sentimos unos héroes y felices de no haber pagado una tasa abusiva y que no se traduce en beneficio del país.





 
En los tres días que pasamos en Bagan en un par de restaurantes locales donde degustamos la deliciosa cerveza birmana y una comida un poco más sabrosa, mientras nuestros compañeros de mesa agotaban las botellas de whisky disuelto en agua. Nos sorprendió ver cuánto bebían.  Y una vez más, ni una mujer entre ellos, sólo hombres.

Lago Inle

De allí nos fuimos en Minivan hasta el lago Inle, compartiendo auto con varios americanos y alemanes. Durante el trayecto, otra vez me entretuve en observar a la gente y adivinar sus vidas e inquietudes. De vez en cuando también me entretenía en las mías.


Simpáticas señoras birmanas. La del medio se acicaló para la foto.

La minivan que nos llevó al lago Inle.
A la llegada al lago Inle tuvimos que pagar 10$ por entrar, y esta vez no hubo escapatoria.
El lago Inle junto con Bagan es otro de los lugares más visitados. Estaba lleno de franceses, alemanes y americanos. Y otra vez lo mismo, hoteles llenos, precios abusivos,….hasta que llegamos a uno un poco mejor donde el personal era encantador, la habitación limpia, bonita y el desayuno muy rico. Allí coincidimos con una francés que era chef en Chamonix. Le conté que estuve allí con mis padres hace más de 20 años. Un lugar precioso. Nos dijo que estaba muy estresado y no podía dormir con las preocupaciones, así que decidió sumergirse en la aventura de viajar durante unos meses por el sudeste asiático. Nos dijo que desde entonces dormía como un bebé. Intercambiamos impresiones de India donde él también sintió la espiritualidad de la gente. Realmente se le veía tranquilo y feliz. Un hombre muy majo. Nosotros le contamos sobre nuestro viaje y nos despedimos sin saber cómo se llamaba. Intercambiamos rutas, opiniones, consejos, estados de ánimo y  sentimientos con  viajeros que luego ya no vuelves a ver, o te reencuentras, y es una sensación agradable ver cómo nos abrimos con gente en similares situaciones a la nuestra, es la complicidad del viajero. Muchos, muchísimos viajan solos. Y todos tienen algo especial que contarnos. Nosotros escuchamos y vamos conformando nuestro camino.
Llevándole la bolsa de la compra a la señora birmana, tdo un caballero.

Tofú secándose al sol? eso me dijeron pero parecía corteza.
En el Lago Inle el primer día alquilamos bicicleta y vimos los alrededores. Parecía que el lago no existiese porque no lo veíamos oculto entre la vegetación y solo accesible en barca.

Con nuestros compis alemanes y el "conductor".
Al día siguiente decidimos alquilar un bote, pero el precio es por el bote entero, vayas 2 ó 5. Así  que nos dispusimos a buscar una pareja con la que compartir el bote y los elegidos fueron dos amigos alemanes ya algo mayores que les pareció perfecta nuestra propuesta. Resultaron bastante agradables y se sorprendieron con nuestra historia. Con el tema de la crisis creo que tienen algunas ideas preconcebidas de los españoles y por lo visto nuestra aventura les rompía un poco los esquemas.


Atasco en la entrada al mercado.

Construyendo sobre el agua.

El trayecto en bote duró 8h y aunque es cierto que está muy organizado, con visitas preparadas para los turistas, yo disfruté de todo lo que vimos y de la tranquilidad de pasear por ese inmenso lago donde hay tanta vida.
Vimos el mercado (con la parte de souvenirs y la real, donde compran los locales)...


una fábrica de tejidos de seda de loto, seda y algodón;

Extrayendo el loto.

otra de puros (me gustó el que era dulce);
Probando el puro. Le gusta o no le gusta?

Haciendo con el puros.



un templo con cinco budas sólo accesible para hombres (sí, aún pasan estas cosas!),

un pueblo con centenares de pagodas...

Árbol creciendo en una pagoda.

 y lo más bonito, ver a los pescadores trabajando con sus redes; pero los de verdad, no los que posaban por la mañana para hacerles fotos a cambio de dinero.


Cruzando fronteras
Nuestra intención era cruzar frontera por tierra a Tailandia, por el paso de Tachilek que nos quedaba cerca. Pero cual fue nuestra sorpresa que al preguntar en las agencias nos dijeron que sólo era posible ir en avión hasta la frontera porque es una zona no accesible al turista y peligrosa. También leímos que en la zona fronteriza existen campos de opio y fábricas de anfetaminas que querían mantener ocultos, pero no sé hasta qué punto es real. Sólo un chico nos dijo que quizás pidiendo un permiso podríamos ir por tierra. Preguntamos por la oficina del gobierno y nadie sabía nada. Nos pareció intuir algo de miedo cuando les nombrábamos la palabra gobierno. Al final a pesar de ser sábado pudimos hablar con inmigración y nos dijeron que no se podía ir por tierra ni permisos que valgan. Así que tuvimos que modificar la ruta y bajar hacia el sur para cruzar por otra frontera terrestre.
El viaje se resumió en un autobús de 11h a Yangon, donde llegábamos a las 5h de la mañana y a las 7h cogíamos otro bus para llegar a Hpa-an a las 14h. Y desde allí un coche para cruzar el insufrible tramo por montaña hasta la frontera, sin saber si llegaríamos a tiempo. El trayecto es tan malo que sólo se puede hacer en una dirección en días alternos. Un día dejan pasar vehículos de Myanmar a Tailandia y otro al revés. En Yangon nos juntamos con Cameron, un inglés de 19 años que había estado dando clases de inglés en un templo budista y con la cabeza muy bien amueblada para su juventud. Juntos compartimos trayecto hasta cruzar la frontera. Nos llevamos una alegría cuando nos dijeron que el paso fronterizo lo cerraban a las 20h y que esa noche dormiríamos en el lado de Tailandia.
Frontera del lado birmano.


Frontera del lado tailandés.
Buscamos los tres un alojamiento en el pueblo de Mae Sot, un pueblo tranquilo en la frontera donde ya se apreciaba la cultura tailandesa; la comida más rica, la gente más moderna, habíamos cambiado de siglo. Me sentí contenta de reconocer ese ambiente.
Alex y Elena, de charla.
A la mañana siguiente coincidimos en el hostal con Elena, la madrileña con la que estuvimos en Yangon. Casi no reconocía a Alex afeitado. Me hizo mucha ilusión verle porque me pareció muy agradable la vez anterior. Ella había ido a Myanmar dos veces seguidas y estaba un poco triste porque dejaba allí varios amigos. Fuimos los tres juntos a dar una vuelta por el mercado, luego a comer, a tomar un café y finalmente a cenar. Hablamos, hablamos y hablamos mucho: de la vida, de lo que estábamos aprendiendo, de nuestra generación, de los trabajos, de los hijos, de la sociedad, de Myanmar, de todo. Ella nos contó más del país que habíamos dejado porque tuvo oportunidad de convivir de cerca con su gente. Sobre lo que piensan del gobierno, cómo viven, etc. Estuvimos tan agusto con Elena que se nos pasó el tiempo volando. Es un encanto de chica y deseo de verdad que encuentre lo que busca.
Para completar el día por la noche nos sentamos en un puesto callejero de comida japonesa. Estaba lleno y se les había acabado el sushi, pero comimos okonomiyaki, goyza y yakisoba, todo delicioso. Con qué poco montan un garito en la calle y te ofrecen una comida espectacular.
Nos despedimos de Elena para coger un bus nocturno a Bangkok.

Bangkok

Y aquí estamos. Llegar a la capital fue como llegar a casa. El calor, los taxis, las lady-boys, su voz cantarina y extridente, los masaaages, los Seven Eleven por todos los lados, los olores a comida, los puestos callejeros, todo lo moderno.
Para nosotros van a ser dos días de organizar ruta, lavar ropa, descansar y darnos un masaje. No vamos a hacer nada de turismo. Sólo ayer nos dimos una vuelta por Kao San Road, la zona mochilera cercana a nuestro alojamiento donde impera el desfase, el chonismo absoluto y los turistas más desagradables que te puedas encontrar por el sudeste asiático. Nosotros nos comimos un pad-thai acompañado de una cerveza Chang y huimos de ese ambiente en cuanto acabamos.
Mañana cruzaremos frontera terrestre a Camboya y aquí mi querido Alex ya tiene trazada la que será nuestra ruta. Con muchas ganas de conocer otro nuevo país!!

miércoles, 28 de enero de 2015

Segunda crónica de Myanmar


Nuestros en días en Myanmar llegaron a su fin y hace dos días cruzamos la frontera por tierra a Tailandia. Hoy estamos en Bangkok y en dos días cruzaremos a Camboya, pero antes de eso, vuelvo al punto en el que me quedé de Myanmar, por seguir un orden cronológico.

Reflexión d Myanmar

En Myanmar la conexión wifi todavía es regular, aunque ya disponible en muchos sitios, y no hemos podido publicar las crónicas del país. Así que con unos días de retraso llegan las últimas crónicas.

Ha sido un país un poco complicado para moverse, sobre todo si vas en plan mochilero y más aún controlando cada kyat como nosotros. Y eso que nosotros venimos muy aprendidos  y hemos conseguido descuentos en todos los hoteles, pero la oferta sigue siendo escasa y en temporada alta mucho hoteles están llenos, son muchos los turistas que llegan aquí sin importarles pagar un poco más por lo que sea y se está convirtiendo en un turismo más caro que los países vecinos.

Quizás sea porque estuvimos  malos y por los días de lluvia que nos impidieron hacer el trekking, pero se me queda un sabor un poco agridulce de Myanmar, un país muy bonito del que espera quizás un poco más. También influye que la comida no me gustó mucho y que no hemos tenido apenas contacto con los birmanos, salvo con Joe. Sin embargo, coincidimos con un chico de Cantabria y con Elena que hicieron amistad con gente de allí y su visión cambia totalmente. Es algo que eché en falta. 

Además es un país todavía bastante controlado por el gobierno en el que no puedes moverte con total libertad como viajero independiente. Al menos es lo que nosotros vivimos. Con el pago de tasas desproporcionadas para los turistas, con zonas a las que nos puedes acceder y que nos hicieron modificar nuestra ruta. No sé cómo evolucionará en unos años pero está creciendo muy rápido. Se ven muchos hoteles en construcción y si antes era difícil encontrar un cajero, ahora están por todas las partes, incluso dentro de los templos.

Moviéndonos por el país
Desde Hpa-an continuamos la ruta a Kalaw (cerca del lago Inle) en bus. Para llegar allí tuvimos que coger dos autobuses, con parada en Bago  y el trayecto nos ocupó un día entero. 
Aquí los autobuses son cómodos pero caros. Y no hay opción de restar un poco de comodidad por conseguirlo más barato. Es lo que hay y punto.
Además los birmanos no tienen el cuerpo muy preparado para viajar  y vomitan constantemente. En el primer trayecto más de cinco vomitaron, incluido el niño de delante de mí que me manchó la mochila y la zapatilla. Qué le vamos a hacer. Resignación.

En la parada en Bago visitamos el gran Buda y poco más. Un paseo y a esperar.

El segundo autobús nos dejó a las 3h de la mañana en Kalaw. Mala hora para esperar a que amaneciera. Pero allí estaba, en la parada del bus,  el señor Robin para hacer negocio. Nos ofreció alojamiento barato y accedimos. Robin es un sij que regenta un hotel en Kalaw y organiza trekkings. Vive con sus parientes con los que intuí que no se llevaba muy bien, pero con buenos genes indios son unos negociantes. Le pregunté a Robin y nos contó que su abuelo había ido a Birmania cuando la primera guerra mundial a trabajar en el ferrocarril y allí se quedaron. El mayor atractivo de Kalaw es hacer un trekking de 3 días hasta el lago Inle, recorriendo 55km y durmiendo con una familia birmana un día y otro en un monasterio. Teníamos muchas ganas de hacer el trekking, pero la lluvia no nos lo permitió.

Después de preguntar en varios sitios entramos a la agencia de otro sij que también estaba en nuestro hotel (obviamente familia de Robin, aunque él nos habló como si fuese un desconocido del otro). Coincidimos con un holandés que también estaba interesado en hacer el trekking y que nos contó que casi había perdido la vida en cuatro ocasiones. En una de ellas iba borracho y no se acordaba cómo fue. El tema prometía y yo ya pensaba que quizás el trekking sería la quinta ocasión. Después de negociar con el sij un buen precio y conseguir que se uniese al grupo un francés (además de dos suizos que ya estaban) nos fuimos contentos con ganas de empezar el trekking. Peeeero…por la tarde comenzó a llover, y llover y llover y no paró en toda la noche.
Al día siguiente se suspendió el trekking. Nos ofrecieron comenzarlo al día siguiente, pero seguía el mal tiempo y los caminos estarían mal; no queríamos perder un día más en un sitio que no tenía mucho que ofrecer a parte del trekking. 

Cambio de ruta
Decepcionados nos fuimos a la estación de tren para ir al lago Inle, a 38 km. Allí nos encontramos con Xu kim, una chica china de nuestra edad que llevaba meses viajando en una ruta inversa a la nuestra. Después pasaría  a India. Nos dijo que se iba a Mandalay, arriba del todo, y puesto que parecía que iba a seguir lloviendo, decidimos invertir el día en el trayecto  en tren en lugar de perderlo en el hotel viendo llover. Nos metimos en el cuerpo 7 horas en un tren y luego otras 5h en otro. Y por si fuera poco en clase ordinaria, eso sí por un módico precio de 0,6€ el primero y 0,90€ el segundo.  El tren es muy barato, pero muy malo. Añoré los trenes de India donde la sleeper class sería alto standing comparado con los de Myanmar. El asiento era una madera.
Con Xu-kim.
Viaje en tren con Xu-kim
 
El tren se movía a los lados como si fuésemos en un barco con muuucha marejada y de vez en cuando daba botes que nos hacía saltar a todos del asiento. Todo lo que uno se pueda imaginar de malo, pues peor. Inocente de mí llevaba un libro que sólo pude leer en las paradas que hacía, porque éstas  más largas que el trayecto que recorría. Era como visitar un mercado en tren. Las mujeres se acercaban a la ventana para vender coles, flores y otras verduras, tanaka, además de comida. Un espectáculo verlas llevando las cestas en equilibrio sobre sus cabezas.

Mujeres vendiendo flores en la parada del tren.
En un momento dado, el tren se paró y dio marcha atrás durante un buen rato. Para coger pasajeros? Cambiar de vía? No sabemos. El caso es que luego continuó hacia delante. Yo iba esquivando con cuidado los latigazos de las ramas y la vegetación que se adentraba en el vagón. Por el camino veía poblados que bien podrían ser escenario de Perdidos en la tribu. Sin luz, sin agua, casas muy sencillas, un vallado de madera, pero todo bastante organizado. Esa es la parte de Myanmar que no se ve, que no está accesible al turista y que sigue siendo muuuy pobre. Siempre me ha parecido un poco hipócrita cuando la gente dice “son pobres pero se les ve felices”. Tengo que reconocer que así lo sentí. Serán pobres en lo material, pero parecen felices en su día a día. Incluso los niños que trabajan. Pero esa es otra reflexión para más adelante. Me resultó curioso que no vimos pedir a nadie, salvo una persona.
Compañeros de viaje en el tren.

El viaje en tren también era un espectáculo. Nuestro vecino nos contó que era militar. Viajaba con las chicas de enfrente nuestro que llevaban a un niño de 1 y medio. No he visto a nadie tratar con más ternura a su bebé que esa madre que no tendría más de 20 años. Luego una viejecilla sacó un tubo, se puso el tapón en el dedo y le dio una calada a su purazo casero. Otra saboreaba su tentempié de huevos de codorniz cocidos y se relamía; de cuando en cuando se recolocaba las ropas donde escondía el dinero hasta que le vimos las tetas en un descuido.  Curioso observar a la gente. Y como no, un grupo de jóvenes cantaban. Cantan y cantan a todas horas en todos los lugares, bien, mal, desafinando, pero les encanta.

Llegamos a las 19h a Tazhi  y teníamos que esperar hasta las 2h al siguiente tren, o coger el tren de correos que era muuuy lento (era posible ir más lento). Así que nos fuimos a cenar Xi Kum, Alex y yo a un bar cercano. Allí nos apalancamos un rato y un grupo de birmanos con la camiseta de fútbol le pidieron una foto a Alex.

En la estación, la gente dormía en el suelo, recordándome a los indios; nosotros nos echamos sobre una especie de palé gigante. La estampa debía de ser graciosa. Xu kim en una silla tumbada, Alex echado con su cabeza en mis piernas y yo echada para atrás dormida con la boca abierta como un buzón. El revisor de la estación nos despertó al rato y nos invitó a una sala más caliente con sofás donde pudimos dormir calentitos hasta el siguiente tren.

Mandalay
Antes de lo previsto llegamos a Mandalay, con el cuerpo dolorido y dormidos. Como única referencia teníamos el hostal que nos dijo Elena, la española que conocimos en Yangon. Y empezamos a caminar..de camino preguntábamos precios y todos carísimos, 30$, 40$. Pero si no pagamos eso ni en Japón!! Qué locura. Xi-Kum tenía una amiga en un hostal pero necesitaba wifi para leer su mensaje con el nombre del hostal. Entramos en un hotel donde nos recibieron muy amables y nos mostraron un papel con las tarifas para locales (22$) y extranjeros (45$). Les dijimos que era muy caro para nosotros y tuvieron la amabilidad de ofrecernos asiento, darnos un café y utilizar la wifi (que no iba) durante un rato.
Finalmente pudimos leer el nombre del hostal, y acudir a la zona mochilera. Sólo tenían una habitación así que allí nos despedimos de Xi-kum y buscamos otro alojamiento cercano.
Cuando  tenemos un día duro de viaje y pienso en la paliza que nos damos, siempre veo a alguien a mi alrededor que aún hace más esfuerzo y ni se me ocurre quejarme. Esta vez fue Xi-kum. Viajaba sola, casi sin saber nada de inglés y allí estaba, manejándose sin problemas. Si algo estoy aprendiendo en este viaje es a ser más paciente y quejarme menos. Buena lección.

De café con Joe

Después de encontrar alojamiento salimos a desayunar y nos llamó Joe, un hombre que conduce un rishkaw. Nos preguntó dónde íbamos y nos dijo que nos llevaba a un buen sitio a desayunar si le invitábamos a un café. Hecho. Qué hombre más majo. Realmente el único birmano con el que hemos tenido más contacto y hemos podido charlar.
Alex  con Joe.

Porras birmanas.

Joe nos llevó a restaurante donde tomamos té indio, pancake de banana y dought sticks que son como las porras. Muy rico todo, aunque con exceso de aceite. Nos contó cómo estaba subiendo todo, cómo los que trabajaban para el gobierno, profesores veían su salario incrementar. En el bar había mucho niños sirviendo y nos explicó que vienen de zonas rurales, dos o tres hermanos que trabajan juntos y ayudan a la familia. Algunos muy jovencitos. Nos recomendó sitios para visitar, para comer.  

Por la tarde Alex me dio una alegría y le afeitaron la barba con una meticulosidad exquisita. Incluido un masaje de cabeza, cuello y espalda. Incluso me dieron un masaje a mí. Estos birmanos sí que saben!
Al volver nos vio Joe que casi no reconocía a Alex. Estaba cenando en un local indio y nos unimos a él. Comida india, parota!! Disfrutamos de su compañía y deseamos reencontrarnos con él para despedirnos. Pero ya no nos vimos.

Alrededores de Mandalay
En Mandalay dedicamos un día a ver los lugares de interés de la ciudad, con transporte local y al día siguiente alquilamos una moto y recorrimos los alrededores de Mandalay, las antiguas capitales del estado: Amarapura, Inwa y Sagaing.

 Vimos un templo que alberga el libro más grande del mundo escrito en piedra. Cada piedra !e guarda en un edificio blanco como los de la foto. Y cada página mide más o menos como yo!
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Página del libro.


Exterior del palacio de Mandalay.




Las distancias eran muy largas e incluso pinchamos.

Alex disfrutando de las vistas en el transporte local.
Esperando a que reparasen el pinchazo.


Pagoda sin terminar.


Al atardecer, visitamos el famoso puente de teka, el más largo del mundo según dicen.



De allí nos fuimos a Bagan, uno de los lugares que más me ha gustado del país junto con Hpa-an.
Continuará en la siguiente crónica.