domingo, 22 de febrero de 2015

Hoi-An, un paraíso para perderse

Estamos en Hanoi, en el ecuador de nuestro viaje por Vietnam.

Vietnam es un país que me está sorprendiendo: moderno, cómodo para viajar, con pueblos preciosos, naturaleza asombrosa, limpio, lleno de Vespas para disfrute de Alex….y eso que aún nos queda por descubrir Sapa y la bahía del Halong, los tesoros del país. Hasta los hombres me parecen los más atractivos de todos los países que hemos visitado hasta el momento. No pensaba que este país me iba a gustar tanto. Quizás porque no tenía puestas muchas esperanzas en él o venía con el temor de ser timados constantemente, me he llevado una grata sorpresa.

Estos días además ha coincidido el Año Nuevo, y el país se paraliza. Esto ha condicionado nuestra ruta, modificándola en función del transporte disponible, pero conseguimos lo que queríamos, celebrar el Año Nuevo en el precioso pueblo de Hoi-An y descansar allí tres días.

Hoi-An

Tras las dificultades para encontrar autobús para llegar allí, y rememorando los largos trayectos en bus o tren de India, pudimos alcanzar nuestro destino. A punto estuvimos de hace auto-stop y dejar nuestra suerte a merced de los camioneros vietnamitas. Finalmente siempre hay solución para todo, a veces sólo depende de tiempo y/o dinero.
Nuestro próximo medio de transporte.


Nuestros días en Hoi-An nos devolvieron la tranquilidad que echaba de menos y ha sido el pueblo en el que más a gusto me he sentido, donde la vida pasa más plácidamente y donde me podría imaginar viviendo.

¿Qué hace tan bonito a Hoi-An?

En primer lugar, el centro de la cuidad, con las casitas de madera de diferente arquitectura según sean de influencia japonesa, china y francesa, exquisitamente conservadas ya que no sufrieron los estragos de la guerra por un acuerdo entre ambas partes. Hoy en día esas casitas se han convertido en tiendas donde se venden souvenirs y artesanía típica, en preciosos cafés, o sastrerías pueden hacerte un precioso vestido a medida, también típico de aquí.  




La cuidad está bañada por el río Thu Bon, y es posible dar un paseo en barca con música ambiente de una guitarra, o simplemente sentarte a orillas del río a degustar sus platos típicos y observar el ir y venir de los turistas fotografiando cada rincón de sus maravillosos templos,  pagodas y la sala de asambleas. Lo peor que te puede pasar aquí, y nosotros lo sufrimos, fue agotar la batería de la cámara de fotos, del ipad y del móvil. Todo me parecía taaaan bonito.




El principal atractivo del lugar es el puente cubierto japonés, que aparece en los billetes de 20.000 dongs y que es el único en el mundo unido por un lado a una pagoda budista. Todo ello le llevó a ser declarada en 1999 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.



Si lo anterior no fuera suficiente para crear un ambiente mágico, todas las calles estaban decoradas con farolillos, carteles, flores y decoración por el año nuevo chino. Precioooooso.





Lo curioso es que antes de visitar el centro ya me pareció encantador este lugar. Nos alojamos en una guesthouse con todas las comodidades de un hotel que estaba en una zona tranquila. Entre sus callejuelas podías adentrarte en la vida cotidiana de sus habitantes, ya que la entrada de sus casas está abierta de par en par y lo primero que se ve es el salón, con una mesa y sillas perpendiculares a la calle, sin ocultar nada.
Entrada de una casa.

El salón de una casa, a la vista de todo el que pase por allí.

Decidimos recorrer la cuidad a pie puesto que las distancias eran cortas y nos permitía apreciar más de cerca cada lugar. Empezamos la ruta por dos antiguos templos en una zona alejada del centro y allí fue donde pudimos apreciar la amabilidad de los vietnamitas, que se paraban a saludarnos, sonreírnos y los que sabían inglés, a charlar un rato con nosotros.





¿Y cómo se recibe en Vietnam el año nuevo?

Ya comenté que es una de las fiestas principales. Los vietnamitas celebran el Tet, que es el año nuevo vietnamita y coincide con el año nuevo chino. Dura (casi) una semana y los días previos vimos cómo los vietnamitas hacían compras, limpiaban las casas, pintaban los templos y ponían todo en orden. La noche de año nuevo  vimos el despliegue de fuegos artificiales para dar la bienvenida al año de la cabra en Hoi-An, nos entretuvimos en las ferias que montaron para la ocasión y vimos las actuaciones música y baile en el escenario junto al río.



Las familias se reúnen y comen pipas de calabaza, dulces de jengibre y cantan karaoke. Queman papeles en improvisadas hogueras en la calle; los niños estrenan ropa, algunos con el traje típico. Los mayores visten sus mejores galas, visitan los templos y podemos ver alguna celebración en lacalle.
Continuamos nuestro viaje rumbo a Hanoi, con una pequeña parada en Hué.
Trajes tradicionales para los niños.

Con una chica que lleva el traje típico.


Hué

Cuando pensábamos que en India habíamos conocido todas las religiones, nos encontramos  de bruces con el templo de la secta Cao Dai, llamativo por su colorido, los dragones en sus columnas y el ojo divino como símbolo principal. Leo en un cuadro en qué consiste esta peculiar religión que cuenta entre sus santos con Víctor Hugo y Juana de Arco. Es una mezcla de cristianismo, islamismo, budismo, confucionismo y taoísmo y aúna conceptos como vegetarianismo, el ching y el chang y la reencarnación.  Vamos, por si no te convence ninguna religión en particular, aquí tienes todas reunidas. Al ser día de fiesta el templo está vacío, pero un señor aparece a nuestro encuentro y nos invita a visitarlo con tranquilidad.


Unificación de todas las religiones.


Llegamos a este templo de casualidad, son las sorpresas que te depara el camino cuando vas sin guía. Tiene sus pros y sus contras, pero empiezo a cogerle manía a la famosísima guía que sitio que recomienda, sitio que coge fama y encarece. Nos ocurrió al sentarnos a comer un bocadillo en un humilde restaurante, donde una mujer mayor preparaba con calma una combinación interminable de ingredientes que iba colocando en el pan, a su rtimo. Sólo estamos una pareja de chicas y nosotros. De repente empezaron a llegar un montón de turistas, algunos buscando el lugar, preguntando, otros bajaron directamente de un taxi que les paró en la puerta. Qué extraño. En un momento el restaurante estaba a tope. El bocadillo delicioso, pero ¿a qué se debe tanto jaleo? Por lo visto el lugar estaba recomendado por la Lonely Planet. Arrrg!!

Hanoi

La capital de Vietnam me ha gustado, pero si tuviese que elegir, prefiero Ho Chi Minh City, más cómoda, menos cara y con más opciones de todo.  Quizás también influye que hay muchos sitios cerrados por la fiesta del Tet.

Por la mañana madrugamos y la ciudad parece dormida. El cielo gris y un pequeño chirimiri no parecen ser inconvenientes para un grupo de cuatro parejas que se han reunido a bailar. ¿Es tango, y en francés? Entusiasmada me acerco a observarles. No es que bailen muy allá, pero la pasión con la que bailan una de las parejas me encanta. La mujer nos anima a bailar y nos dedica sus mejores poses mientras le grabo.

Bailando junto a la estatua de Lenin.

Visitamos los lugares de interés de la ciudad, el lago, pagodas, la catedral de San José conocida como la pequeña Nôtre Dame (en referencia a la Nôtre Dame de Saigón), el barrio antiguo. Me llama la atención el mausoleo donde descansan los restos de Ho Chi Minh, al que se accede tras varios controles de seguridad y siguiendo un ritmo casi militar. Le observo mientras damos la vuelta a la fría sala donde se expone y parece que se va a levantar en cualquier momento. Me entra la risa y me contengo antes de que los cuatro guardianes que custodian el cuerpo me detengan. 
Pagoda de un pilar.

Mausoleo de Ho Chi Minh,

La pagoda más antigua de la ciudad.

Puente en el lago.

Entrada al puente,

En el centro del lago.


En las calles sigue el ambiente festivo, niños con juguetes, familias, flores, y terrazas llenas de gente tomando un café o un té. 

Actuación en la calle.


Mañana terminaremos de explorar los alrededores de la ciudad y seguiremos nuestro viaje hacia el punto más al norte que visitaremos, Sapa. Esperamos que el tiempo acompañe.

domingo, 15 de febrero de 2015

Xin chào, Vietnam!


Llegamos a Vietnam hace unos días. Cruzamos de nuevo la frontera terrestre con Camboya, en un bus desde Phnom Penh a Ho Chi Minh City. Me encanta cruzar fronteras por tierra. Esta vez además tuvimos que cruzar el río Mekong en un ferry dentro del autobús. Es mucho más interesante que hacerlo en avión en el que apenas te das cuenta de que cambias de país.

Saigón, la ciudad que nunca duerme
Nos alojamos en Phan Ngu Lao, el barrio mochilero de Saigón. Esta zona está llena de pubs con música a tope, chicas muy descocadas :) , lugares para cenar...con todos con las mesitas dispuestas mirando a la calle para ver el ambiente. Oímos unas trompetas y una especie de charanga, le digo a Alex “ahí tienen juerga, están celebrando algo”. Nos acercamos y se trata de un entierro. La gente sentada en las sillas, en la calle se reúne a despedir al difunto. Aquí la vida y muerte conviven de un modo menos dramático que en occidente, o eso me parece a mí.
 
Night market.
Salimos por la tarde a dar una vuelta hasta el night market, o mercado nocturno y en un cruce nos encontramos con Iring, una mujer de Malasia que tiene miedo a cruzar la avenida con semejante cantidad de motos. Ve a Alex tan resuelto que se agarra de su brazo para pasar. Después se agarra del mío y no me suelta. Juntos vemos los puestos de la calle, cómo en un restaurante cocinan viva a una langosta en las brasas (qué dolor! Pobre animal!!). Iring toca todo, pregunta todo y me hace gracia comprobar cómo es diferente el trato entre el vendedor y un turista asiático a uno occidental. Me río porque Iring me va haciendo comentarios “por lo bajini” (uuuy, eso es muy caro; uyy, eso no me interesa, sólo comida local, los souvenirs todos iguales; uuy, eso no es de aquí, es importado). A la mujer se le ve contenta de compartir un rato con nosotros y nos pregunta por nuestro viaje. Pero, por una vez desconfío. Justo al salir del hotel había leído un papel en el que advertían que a veces se acercaban personas que decían ser de algún país asiático como Malasia o Singapur para ganarse tu confianza y luego te intentaban timar. Me da pena cuando me dice que le gustaría ver el Taj Mahal y el Annapurna, pero no tiene a nadie con quien viajar; nos pregunta mucho sobre nuestro viaje y le respondo pero después de compartir el paseo por el mercado nos despedimos para ir a cenar y con el deseo de volver a vernos. Y es que después de todo lo que hemos leído sobre Vietnam,  sobre los timos, los robos y el trato de la gente, nos mantenemos alerta. No quiero crearme prejuicios, pero sí andar con cuidado. Hasta el momento tengo que decir que los vietnamitas nos han tratado muy bien y han sido amables. 
En Saigón visitamos varios lugares de interés, nos perdemos por el barrio chino...
 
El ayuntamiento.

Notre dame.

La oficina central de correos.

El bonito edificio de la ópera.

Interior de uno de los templos del barrio chino.
y nos entretenemos viendo cómo juegan al đá cầu, el deporte nacional con una especie de volante como en el badminton. Ves a grupos de personas de cualquier edad dándole unos golpes espectaculares. Me sorprende la agilibicdad que tienen, incluso personas mayores. También es un hábito que deberíamos exportar a nuestras vidas: vida saludable, ejercicio, bicicleta... y así consiguen sentarse como se sientan :)


Me encanta cómo se sientan en cuclillas, imposible imitarles.

La ciudad de las motos

Nunca habíamos visto tanta concentración de motos. Y eso que en el sudeste asiático abundan en todas las capitales. Pero aquí todo el mundo va en moto. Hemos visto abuelicas encorvadas enfundándose el casco y subiéndose a una con ligereza. Cruzar la calle puede ser una aventura a no ser que seas Alex y te desplaces con tanta naturalidad entre las motos que hasta los vietnamitas se asombran. Se estima que hay 7 millones de motos y 9,5 millones de personas. Si descontamos los niños que todavía no pueden conducir una moto, sale a más de una por cabeza. Además es todo un negocio para los comerciantes. Se aparcan en la acera (lo que dificulta el paseo por la ciudad) y el dueño que tiene el puesto ambulante de bocadillos, fideos o lo que sea al lado, se encarga a su vez de vigilarlas, aparcarlas ordenadamente y sacarlas para entregarlas al propietario cuando se marcha. Pensamos que se deben ganar más dinero de esto que del propio negocio en sí.
Aquí no se ven muchas pero me hace gracia la cara de la mujer con gafas blanca que posó para la foto.

Recuerdos de la guerra
Uno de los lugares que quería visitar sin falta era el museo de los vestigios de la guerra. Se lo debía a mi hermano, que es un apasionado de la historia y de la guerra de Vietnam en particular. Así que lo visitamos e hicimos un montón de fotos. En el exterior vimos los tanques, aviones; una exposición dedicada a las muestras de apoyo a Vietnam de los distintos países durante la guerra (donde echo en falta a España); pero especialmente sobrecogedora es la parte dedicada a las torturas  y a las fotografías de los efectos del gas naranja, entre otros. Durante la visita me hubiese gustado estar acompañada por mi hermano para hacerle preguntas que me surgen y explicaciones a hechos que no puedo entender.


  
Entrando en un túnel.
Al día siguiente visitamos los sorprendentes túneles de Cu Chi, un total de 250km de túneles construidos por los vietnamitas durante la guerra y es un ejemplo de su fuerza y tenacidad.
 


Preparando el Têt, el Año nuevo lunar
El día 19 de febrero se celebra el año nuevo del calendario vietnamita. Ya se nota en la ciudad el ambiente de fiesta y los preparativos de la que es la mayor fiesta del año. Me hace gracia ver las cestas con los aguinaldos como en España. El país se moviliza y ya nos advierte un camarero que esos días todo el mundo vuelve a casa y está todo lleno. A nosotros nos preocupa porque no sabemos si podremos seguir nuestra hoja de ruta o quedaremos atrapados en algún lugar. Por ello, estamos barajando otras posibilidades.





Mui Ne, pueblo de pescadores y belleza natural
Nuestra siguiente parada es Mui Ne, un pueblo costero de pescadores que nos resulta bastante atractivo por los lugares que se pueden visitar. Llegamos allí en un autobús intergaláctico. Se trata de un sleeper bus, de dos plantas donde vas recostado y a mí me parece bastante cómodo. Me acuerdo de mi padre que siempre me dice que copie alguna idea de los inventos que tienen por Asia. Este sería uno de ellos, aunque cada día me sorprende la creatividad de los asiáticos para buscar soluciones y los pequeños inconvenientes del día a día.

Si pensábamos que en Salou había llegado la invasión rusa, era porque no habíamos visto la cantidad de rusos que veranean aquí. Hay muchos resorts, hoteles y tiendas como en cualquier sitio de playa. Los restaurantes muestran al público en peceras expositoras el pescado vivo para que el cliente lo elija y se lo coma bien fresco. Vemos a las pobres ranitas, langostas y enormes gambas esperando su turno. Otros, como el cocodrilo se exponen despellejados :( y me cuenta Alex que incluso tienes la oportunidad de degustar cobra.

Nosotros probamos el pho, los rollitos vietnamitas y los bocadillos vietnamitas que están riquísimos. El pan es buenísimo y el café vietnamita exquisito. No tiene tanta cafeína y es más suave, pero cómo lo sirven es un arte.
Pho.

Delicioso café vietnamita.


Alquilamos una moto y visitamos los atractivos del lugar: las dunas de arena blanca, las dunas de arena roja, la zona de pescadores y las fairy stream, cuya traducción literal sería corriente de hadas y es como un pequeño cañón del Colorado. Nos entretenemos contemplando la belleza de la naturaleza y una vez más nos convencemos de que en los lugares pequeños es donde más nos relajamos y disfrutamos.
Paradón de Alex en las dunas blancas.

Dunas rojas.

Barquito redondo que parece una palangana gigante.

Ajetreo en el puerto.

Dónde está mi barco.

Alex enseñándome cómo se salta.



Tumbas al lado de la carretera.

Fairy streams.

Jugando con el sol, en las dunas rojas.




Dalat, la ciudad de los enamorados
La casualidad ha querido que el día de San Valentín llegásemos a Dalat, una ciudad de montaña donde vienen muchos vietnamitas a pasar la luna de miel. Es un destino romántico, que fue destino favorito de los colonos franceses, y recuerda un poco a Suiza, otro poco a Jaca, otro a Francia. Todo menos Vietnam. Hay un montón de cafés, pastelerías y tiendas muy bonitas; hasta los vietnamitas parecen aquí más occidentales. 
 
Estación de tren.


Vista del lago.

Hacemos una parada en un precioso café y parezco estar viendo una escena de una película, que le dedico a Carlota por su cumpleaños. Pienso en Frédérique, desde luego que le gustará Vietnam. 

Al día siguiente alquilamos una moto y hacemos 150km para ver los alrededores. Visitamos una cascada, que me recuerda al Monasterio de Piedra, un buda sonriente, varias pagodas, la antigua estación de tren,  la catedral, una casa inspirada en Gaudí y el lago que se extiende alrededor de la cuidad. Durante el recorrido hemos visto muchísimos campos de cultivo, de gladiolos rojos, tulipanes, rosas y margaritas amarillas, todo en los colores nacionales. Se acerca el año nuevo y es un trasiego de flores y plantas por todos los lados. También me entretengo viendo qué transportan los vietnamitas en su moto. Hsta ahora hemos visto de todo lo imaginable: colchones, un compresor, una mujer sujetando una bici en brazos, un gallo, un techo de panel de sandwich....pero lo que más gracia nos ha hecho es ver a dos chicos transportando una rueda de tractor! la visión resultaba cómica.



Y mañana subiremos hacia al norte. Hemos tenido problemas para encontrar billetes de bus porque está todo lleno por el año nuevo, así que tendremos que pensar alguna otra alternativa para movernos...