miércoles, 29 de abril de 2015

Adiós a Nueva Zelanda, volvemos a Asia

Estamos en China y aquí utilizar internet es un poco complicado. no funciona facebook, ni twitter, ni google, ni gmail, ni todo lo relacionado con google, es decir, tampoco este blog.
pero Alex que es muy espabilado, ha conseguidoburlar el control del gobierno en internet. aún así va muy lento.
Antes de dejar nueva zelanda prepare una entrada bastante larga, como suele ser habitual, sobre las últimas impresiones del país, sobre los bonitos que fueron los últimos días entre playas y lo que me gustaban los maoris. Alguna fuerza divina no quiso que se publicase y por error se me borró del ordenador. Así que solo puedo dejar la colección de fotos desordenada que subí previamente porque desde aquí no puedo verlas.
Para los que no nos leeis en facebook, tuvimos un viaje bastante accidentado desde nueva zelanda a hong kong. 
En el primer vuelo de auckland(nueva zelanda) a sydney(Australia), nos cayó un rayo en un ala y alex vio una llamarada de fuego. Al llegar, la mujer de aduans que era peruana, nos contó que había sido la tormenta más grande en 30 años y que el aeropuerto lo habían cerrado y reabierto solo media hora antes de llegar.
En el segundo vuelo de sydney a singapur, hubo bastantes turbulencias y en una ocasión fue tan fuerte que las azafatas gritaron y una se cayó en el asiento de al lado nuestro.El último vuelo hasta hong kong fue bien.
En fin, que estamos sanos y salvos. Con mucha pena por el terremoto de Nepal y acordándonos de la gente de allí.
Si podemos iremos escribiendo aquí, si no, cuando salgamos de china seguimos contando.
Podeis ir viendo las fotos que añadimos en facebook desde este enlace.( no hace falta tener cuenta de facebook,se ve directamente).

https://www.facebook.com/rtwalexyrebeca


Y aqui va la colección de fotos desordenada(espero que se vea).









































jueves, 16 de abril de 2015

Balance personal en el ecuador del viaje

Siempre he pensado que tenía la cabeza para pensar y aprovecho cada momento para hacerlo. Muchas veces Alex me pregunta “¿Qué piensas?” y le contesto “en nada”. Pero sabe que no es cierto. Siempre, siempre pienso algo; se lo dije al comienzo de nuestro relación y creo que ya puede ver hasta el humo que hecha mi cabeza de tanto pensar. Y me dice que siempre estoy pensando más allá de lo normal. Releo el apartado “El origen” de nuestro blog y hasta ahí escribí “será una prueba de adaptación y de vivir nuevos retos cada día (sobre todo en India). Y sobre todo tiempo para pensar”.

De nada me ha servido escucharlo de tantas personas, “no pienses tanto, no pienses tanto” hasta que me he dado cuenta por mí misma que realmente ese el problema. Pensar…pensar a todas horas racionalmente, en cosas aparentemente importantes para mí pero que no me dejan escuchar al hemisferio derecho del cerebro, el que se encarga de la parte emocional, de la intuición, del espíritu, de la música, de la parte artística. Si hasta veces me digo que no escucho música para no despistarme. Quiero tenerlo todo bajo control, numerado; cuando íbamos a correr siempre iba pensando en cuánto me quedaba, ahora 5/6, 2/3, 100 segundos….nunca nadie habrá usado tantas fracciones como yo en esos momentos. Y sin embargo, en algunas ocasiones, cuando me distraía y dejaba de pensar el tiempo se pasaba volando, no me costaba tanto esfuerzo y hasta me olvidaba de la respiración. Sí, ahí estaba actuando el hemisferio derecho del cerebro…ese que de vez en cuando me pide a gritos que le escuche y es cuando me sorprende lo inesperado, las casualidades, las ideas felices que nos decían en la carrera.

A pesar de que en ese apartado de El origen expuse algunas de las razones por las que emprendimos este viaje, sólo algunos pocos saben que una de mis principales razones era volver a confiar en el ser humano; descubrir otras maneras de vivir, otras sociedades diferentes a la mía, otros tipos de convivencia como la que me maravilló en Japón… ¿sería posible?

Entonces llegamos a Nepal y luego a India, y allí todas mis fórmulas y esquemas para racionalizar lo que ocurría a mi alrededor se vinieron abajo. Empecé a sentir de otra manera, a descubrir una forma de vivir más espiritual, más profunda. Me convertí en una iluminada, de esas que antes había criticado…las que volvían de India maravilladas, o las que veía por la calle con la sonrisa en la boca. Sí, fui feliz, muy feliz. Y a la vez lloraba. Recuerdo estar desayunando con Alex en un bar de Goa llorando y riendo a la vez, sin saber por qué.


Vinoth, el monje budista que nos leyó los chakras, me dijo que tenía un chakra muy abierto, el chakra del corazón. Y que confiaba demasiado en la gente, que me abría mucho, pero tenía que protegerme para que no me hiriesen. Pero no me dijo cómo hacerlo. Si ni siquiera sabía qué era un chakra!  Y desde entonces estoy lidiando con mis emociones, emocionándome por todo y llorando sin parar, que dicen que limpia el interior. Le pregunto a Gema, a Óscar, a Ira,  a Frédérique, a Indi, gente más familiarizada con el tema o más sabia y me dicen que es normal, que ya entenderé.

Y Alex a mi lado, tratando de entender si quiera un poco de lo que ocurre en mi interior. Él, por otro lado, parece haber madurado muy bien y se le ve muy resolutivo. Ha perfeccionado muchas de sus habilidades y desarrollado otras que ni conocía. Planea rutas, utiliza esa memoria fotográfica  envidiable, se abre más a la gente, habla en inglés con elegancia, encuentra soluciones a pequeños problemas mucho más rápido y se adapta a nuevas situaciones sin problema. Le veo disfrutar y me alegro,  le escucho hablar de sus planes de futuro a medio plazo y me hace reír cada vez que me ve llorando.

Pero aún así, con tantas emociones y tantos sentimientos, sigo tratando de analizar todo, de entenderlo todo, buscando respuestas a mil por qués. Hace una semana llegamos al ecuador de nuestro viaje, y quizás la vuelta a esta sociedad más parecida a la nuestra o a que, como me dice Frédérique, me puse a pensar en la vuelta,  me sentí perdida. Totalmente perdida…dónde acabaré, a dónde nos llevará este viaje, qué haré con mi vida.  Así que me encerré en mí misma, y Alex a mi lado, también en sí mismo.

A pesar de estar 23:45h al día juntos (resto 15 minutos para ir al baño) durante 6 meses tuvimos nuestra primera crisis viajera, que solucionamos como nos dijo Popo Gonji, hablando. Un poco más calmada continuamos nuestro viaje hasta Roturoa y allí, cuando menos lo esperaba, tuvimos otro encuentro fortuito con dos viajeros. Como dice Mercedes, siempre aparece alguien que nos ayuda o nos guía en nuestro camino. 

Conocimos a Ana María y Juan, una encantadora pareja de Ecuador, que casualmente comenzaron su viaje de un año el mismo día que nosotros, el 8 de octubre. Me resultó curioso que Juan nos preguntase por las razones de nuestro viaje y me sorprendió estar hablando con ellos sobre la espiritualidad, la meditación, nuestro interior. Escuché a Ana María contarnos su experiencia en el camino de Santiago y los motivos de ambos para iniciar su viaje; fue una charla taaan reconfortante para mí que ni me di cuenta de que estaban tocando música en directo en el bar donde estábamos sentados. Sentí que a pesar de que nuestras vidas eran diferentes, viviendo en países diferentes y con diferente bagaje a nuestras espaldas, buscábamos lo mismo en la vida, sentíamos de manera similar. Encontré esa empatía, ese entendimiento y esa comprensión con el ser humano que me preguntaba antes si existía, ese saber que no soy la única en el camino de la vida. No saben cuánto me ayudó interiormente ese momento que compartimos.

Cuando volvimos a casa (nuestra furgoneta) leí un correo de mi querida Frédérique animándome, diciéndome que no buscase respuestas a todo, que a veces hay que caminar a ciegas, dejarse llevar y finalizaba con esta frase de François Cheng, que no puede resumir mejor lo que siento, la sensibilidad que se ha apoderado de mí y que me hace ver de esta manera:

 "Il faut apprendre à percevoir la beauté cachée. A côté des grandes beautés qu'on peut trouver dans les paysages ou les oeuvres d'art, la beauté continue à s'incarner dans la vie courante: un visage rencontré, un sourire échangé, quelques fleurs anonymes poussant dans un recoin du trottoir, un rayon du soleil couchant dorant un vieux mur..."
"Ainsi, de rencontres en rencontres, rencontres avec des humains, rencontre avec la transcendance, l'on avance, peu à peu, sur la voie de la vraie vie." François Cheng.

"Tenemos que aprender a percibir la belleza oculta, Además de las grandes bellezas que se pueden encontrar en los paisajes o n las obras de arte, la belleza sigue encarnándose en la vida diaria. Conocí a un rostro, una sonrisa intercambiada, algunas flores anónimas que crecen en una esquina de la acera, un rayo del sol poniente  iluminando una vieja pared ... "
"Así que, de encuentros en encuentros, encuentros con seres humanos encuentro con la trascendencia, se avanza poco a poco, en el camino a la vida real."



Así que llenos de energía, pero a la vez más relajados, volvemos a disfrutar como antes, dejando que el camino nos lleve sin preguntar cuánto falta, abriendo los ojos y sobre todo la mente a todo, intentando deshacernos de cualquier prejuicio de sociedades o países y fijándonos más en las personas.

De película

Y para finalizar, una anécdota que nos ha pasado hoy, que bien podría servirnos de guión para una película, aunque prometo que es real y por respeto a su protagonista, omitiré nombre y lugares.
Hoy tocaba ducha caliente en las piscinas del pueblo, yuhuu! Pero el encargado nos ha dicho  que mejor fuésemos a partir de las 11h porque estaban con cursillos de natación. Entonces hemos ido a la biblioteca para planificar un poco la ruta de China y Japón.

En frente, en nuestra mesa, una mujer de preciosos ojos verdes estudiaba algo que no he alcanzado a entender; al lado de Alex una chica extranjera, probablemente alemana, preparaba unos curriculum; y a mi lado un hombre, llamémosle Bob,  trabajaba con el ordenador mientras charlaba con la mujer de ojos verdes sobre lo que estaba estudiando cada uno. Al cabo de un rato nos hemos quedado solos con Bob y ha comenzado a charlar con nosotros preguntándonos de dónde éramos. Me costaba entenderle porque el inglés de aquí es muy americano y encima acortan muchas palabras. Para decir see you dicen “siya” o para decir how are you? dicen “haya”. 

Nos ha preguntado por los toros, hemos hablado de Pamplona, de Nueva Zelanda, de nuestro viaje y cuando nos ha preguntado a qué nos dedicábamos y le he contestado que era ingeniera química, nos ha contado que en un sueño tuvo una visión sobre la fórmula de un invento antiguo que se extravió, y del que yo no había oído hablar antes. Lo he buscado en internet y aparecía sí, pero ya me ha advertido que la información era confusa y la fórmula seguía siendo un secreto. Bob me ha empezado a contar a medias porque no quería que le quitase la idea. Le he dicho que no se preocupase, que en este momento de mi vida no pensaba en ese tipo de cosas. 



Aún así  me ha  en su ordenador  un antiguo libro de química con formulaciones, en el que se explicaba que debía mantenerse en secreto. Parecía debatirse entre contarme más o no y ha continuado explicándome un poco más sobre su descubrimiento. Bob estaba pendiente de que nadie en la biblioteca se enterase de nuestra conversación y me ha recordado a Russell Crowe en la  película de una Mente maravillosa, enredado en sus teorías de conspiración. Yo ponía toda mi atención, pero por suerte para él no he podido entenderle muy bien en inglés, y me decía, “mejor, te estoy contando demasiado”. Yo también lo he preferido.

Me ha dicho que tenía cara de preocupada y le he explicado que eso que me contaba podría ser peligroso en las manos equivocadas. Me ha pedido el correo electrónico para hacerme algunas consultas y ayudarle a desarrollar la idea que tenía, que podría hacernos ganar mucho dinero. “Es bueno tener un contacto externo, por si desaparezco”, me ha dicho.
Al final se nos ha hecho tarde, nos esperaba  un día con bastantes kilómetros por recorrer y aún teníamos que ir a darnos una ducha caliente. Así que nos ha despedido con un “siya” y le he dicho que guardaba su contacto. 
Al salir de la biblioteca le he dicho a Alex, “está bien, ahora puedo decir que en Nueva Zelanda también nos pasan cosas increíbles como en India”. Le he preguntado a Alex si le creía y me dicho que sí. Yo, hace seis meses hubiese pensado que estaba mal de la cabeza, pero hoy he pensado ¿y por qué no? Al fin y al cabo, tampoco le creían al que inventó el sistema de comunicación de internet. Y no he querido darle más vueltas, aunque por supuesto, no lo he conseguido : )