miércoles, 26 de agosto de 2015

Santa Elena forever

Una vez más llegamos a Medellín de casualidad, y como todas las casualidades que se han ido produciendo en este viaje, al final siempre nos llevan a una muy buena razón.

Vista de Medellín desde la Comuna 13.
Colombia es el único país del que no hemos visitado su capital, Bogotá. Una excusa n más para volver a Colombia. Tantas maravillas nos hablaron de la gente de Medellín que decidimos visitarla  en detrimento de Bogotá.

Escultura de Botero en el centro de Medellín.
Días antes, y de nuevo por casualidad, a Alex se le ocurrió enviar una solicitud de couchsurfing a Maria. No tengo la menor duda de que si hubiese leído yo su perfil, seguro que me habría parecido la perfecta anfitriona, pero tengo que reconocer que el mérito de que Maria se cruzase en nuestras vidas es de Alex, y por supuesto de Maria por aceptarnos.
Alex, Samira, Maria, Alejandro y yo.
Me cuesta escribir sobre ella, porque cada vez que me encuentro en este mundo gente tan auténtica y especial como ella, causan en mí tanto efecto y afecto que no puedo recordarlas sin emocionarme. Probablemente como me dice mi querida Fréderique soy una persona más sensible de lo normal, para lo bueno y para lo malo. Y en este caso, conocer personas de tan buen corazón me llega muy hondo.
A estas alturas de viaje me siento una privilegiada por la gente que hemos conocido. Me imagino como los italianos Óscar y Ornella, que compran piedras preciosas en diferentes países y con ellas confeccionan joyas artesanales tan bonitas que no me atrevo ni a preguntar el precio porque algunas resultan impagables. Pues así me siento, con una bolsita llena de preciosas personas que he encontrado en diferentes lugares, que me resisto a olvidar o a pensar que no volveré a ver y con las que imagino la perfecta combinación qu resultaría poder tenerlas todas juntas compartiendo el mismo momento.

Santa Elena

Santa Elena.
Para llegar a Santa Elena hay que coger una buseta azul en el centro de Medellín. Partimos como punto de referencia del Éxito de San Antonio, nuestro proveedor oficial aquellos días de cervezas, vino y otros ingredientes para cocinar.

Cruzamos un par de calles, cortadas por las obras del tranvía de Medellín y llegamos hasta la parada. Desde allí unos 45 minutos de subida hasta nuestro destino; es el tiempo que separa  el calor, ruido y ajetreo de la ciudad de la tranquilidad y el fresquito de Santa Elena. El trayecto puede ser de lo más entretenido cuando suben al bus varios vendedores. También es esta una costumbre de Ecuador, y puede que suban hasta más personas a vender, pero la labia y la gracia que tienen los de Colombia no la encuentras en ninguno de los países vecinos. Nuca se me habrían ocurrido tantos adjetivos descriptivos para un caramelo de goma, o habría escuchado una retahíla tan larga de frases para dar las gracias al conductor, disculpas a los pasajeros  y llamar la atención en su producto.
Por la tarde, el recorrido tiene un atractivo más, divisar por la ventana todas las luces de la ciudad de Medellín que se extienden desde las montañas hasta el valle, que se van haciendo más pequeñas conforme subimos hasta unos 2200 metros de altura.

Alex, yo, Fabio, Manu, Lea, Maria, Alejandro y Samira.

Santa Elena es un “barrio” joven, así lo dedujimos de las personas que nos bajaron en su coche a la ciudad, Ana, Felipe y Juan; todos en la treintena, recién llegados al corregimiento y en busca de tranquilidad. Está envuelto de un aire hippie y de una cultura ecológica en consonancia con su  entorno natural y presidido por el Parque Arví, donde puedes caminar y perderte por la naturaleza.  

Maria y Samira, el encuentro

Podría decir de Maria que fue una gran anfitriona, que nos hizo sentir muy bien en su casa y que se preocupó por nuestra comodidad, pero sería como decir que el Taj Mahal es un edificio de color blanco.  Y como la visión de ese edificio, Maria es de esas personas que te deslumbran desde el primer momento y que cuanto más las conoces, más te enamoran. Y eso que pusimos a prueba su paciencia desde antes de conocernos. Quedamos en una tienda deportiva del centro, sin saber que justo enfrente había otra con el mismo nombre. Y tardamos dos horas en encontrarnos, porque por mucho que dábamos cada cual la vuelta a la cuadra, no llegábamos a cruzarnos. Nosotros con las mochilas de viaje; ella, con otra mochila grande a la espalda y su hija Samira en brazos. Y con el calor, el ruido y el cansancio molestando.

Cuando finalmente nos encontramos, ni una queja, ni una mala cara. Solo tratando de quitar peso a las dos horas de espera. Un encanto.  No imagina Maria cuanto nos acordamos de ella, y el cariño tan grande que tanto Alex como yo le tenemos, recordándola casi a diario en los momentos cotidianos que compartimos.

Samira en el jardín.
Samira tiene 22 meses, por aquel entonces, 20. La pequeña nos observó atenta durante las primeras horas, preguntándose quizás por qué esos dos desconocidos les habían hecho esperar tanto tiempo. Nos estudió un rato con sus divinos ojos azules y cuando le pareció todo conforme nos dio el visto bueno. Desde ese momento, nos encandiló con cada gesto desde que se levantaba hasta que quedaba dormida, abrazada a la pierna de su mamá. Una niña tan viva, tan feliz, tan bailarina y tan enérgica que el alma de la casa.  Echo de menos nuestros paseos matutinos de la mano, para ir a ver a los terneritos y llevarme hasta su lugar preferido, donde ella se sentía tan a gusto y yo le hacía volver a regañadientes porque nos alejábamos mucho de la casa. Una gran exploradora.

Pascal aparecería días más tarde en escena. Porque la primera intención era quedarnos dos noches, después cuatro y al final fueron nueve. Así que de tanto  que dijimos que queríamos conocer a Pascal, otra vez las circunstancias lo hicieron posible.

La casa de Santa Elena fue mucho más que un sitio donde dormir, mucho más que una experiencia couchsurfing. Aunque si existiera el premio a la excelencia de los anfitriones en Couchsurfing, sin duda alguna sería para Maria y Pascal. 

Lo que consiguió esta familia, es reunir a un gran número de personas y todos ellos sentirnos tan felices que no queramos ver el momento de marcharnos de allí.  Somos como una comuna hippie, pero bien avenida; con paz, amor y Maria.

Alfredo, Iván, Fabio, Alex, yo, Maria, Manu, Pascal, Samira y Óscar.
No podría cansarme de escuchar las historias de Maria. En la cocina, mientras preparábamos la cena o fregábamos los platos, me contaba acerca de su familia, de su pasado, de su vida, de sus amores. Con esa dulzura colombiana y con ese don de palabra que tanto me ha admirado de ese país. Siempre digo que en Colombia saben tratar mejor al idioma que en España. Pero que a veces se convertía en un recio alemán para imitar a Pascal o en un cantarín italiano, para imitar a Fabio.

Y es que Maria es así de transparente, con un corazón enorme y con esos ojos verdes preciosos que transmiten pura emoción, puro amor. Siempre pendiente de todos, siempre tratando de crear el mejor ambiente, haciéndonos reír…. Y no sigo porque si me lee Pascal va a pensar que estoy vendiendo su novia : )

Alejandro, Pura Vida

El mismo día que llegamos nosotros a Santa Elena, llegó por la tarde Alex, o Alejandro para diferenciarlo del nuestro. Alejandro venía de Costa Rica donde había estado haciendo su máster (si mal no recuerdo). Y aunque francés de nacimiento, había estado también viviendo en Canadá. Supongo que todo ese bagaje cultural también ha tenido que ver en su manera de vivir. Tan abierto, tan cariñoso y tan humano. Es el francés con menos acento francés que conozco y resultaba graciosísimo escucharle hablar español con expresiones latinas, “ahorita”, “super” y a veces con sus gestos tan femeninos! Siempre dispuesto a hacernos reír a todos, a animarnos si nos veía preocupados. Pura vida, porque se le veía disfrutar con cada momento, tan alegre. Sin duda, un excelente compañero de viaje y atento con todo el mundo. Le veía cómo se acercaba a preguntar a la gente, siempre con desparpajo, con simpatía y con educación. Y me divertía ver a los dos Alex juntos, con sus bromas, con sus risas. Escondiéndole a Maria, mandarinas por toda la casa. Otra piedra preciosa que guardamos en la colección.


Alejandro y Alex posando en Guatapé.


Saltando desde el puente de Guatapé.

Lea, la encantadora Cinderella

Al día siguiente llegó Lea, una chica alemana que estaba viajando sola por Latino América. Lea aportaba la tranquilidad y calma que necesitaba el grupo. Tenía unos pies muy delicados que debía curarse cada día porque le salían ampollas. De allí le vino el apodo de Cinderella, aunque más lo merecía por su cara de porcelana, con unos ojos azules increíbles y unas facciones tan lindas que bien podría haber sido la protagonista de un cuento de hadas. Su cara transmitía serenidad, y en nuestros paseos me fue contando sobre su vida, sus decisiones, su aventura. Resultaba tan agradable escucharla, tan dulce. El día que nos robaron y nos llevaron en el furgón policial a la comisaría para poner la denuncia, Alejandro y ella nos estaban esperando en la puerta. Salir del furgón y recibir su abrazo y cariño fue muy reconfortante.
Rebeca, Pura Vida y Cinderella.

Rebeca, Alejandro y Lea.
Posado en la Comuna 13.

Comuna 13.

Descansando en la Comuna 13-
Junto con los dos Alex compartimos varias excursiones a Guatapé, donde también conocimos a su amiga Rebeca y al barrio de la Comuna 13 en Medellín.



Rebecca, la inspiración

Nos conocimos brevemente, pero me encantó charlar con ella y conocer cómo había hilado su vida hasta llegar al presente. Aparentes nudos de casualidades que le llevaron desde Canadá hasta Buenos Aires y que me fascinaron por el poder de los actos insignificantes que luego son el hilo conductor de nuestras vidas. Disfruté conociendo su historia y me alegré por sentirla satisfecha con el resultado, feliz con su presente.
En Guatapé, Alex, Alejandro, Lea, Rebecca y yo.

Y tuvo mérito conocerla, porque no se lo pusimos fácil. Lllegamos más de una hora tarde al lugar donde habíamos quedado y cansada de esperarnos decidió tomar por su cuenta el autobús a Guatapé. Por suerte, coincidimos en el mismo vehículo y compartimos con ella el día. Pero ingratos de nosotros, no le avisamos que habíamos comprado comida en la estación, y por si fuera poco la espera previa, le tuvimos en ayunas durante un buen rato.
Lea, Rebecca, Alejandro y Alex subiendo a la piedra de Guatapé.
Pero aquel día de los nombres repetidos, dos Rebecas, dos Alex y una Lea bautizada como Rebeca 3 fue un día estupendo. Con las preciosas vistas desde lo alto de la montaña, el inesperado chapuzón de Alejandro tirándose desde el puente y la deliciosa limonada de coco.

Fabio y Manu, a la orden bienpueda

Esta pareja de italianos llegaron a la casa sin mucho alboroto, discretos, viendo cómo Alejandro, Lea, Maria, Samira y nosotros ya teníamos mucha confianza. Pero Maria, siempre con su delicadeza y su atención para con todos,  se encargó de que también ellos se sintiesen a gusto, y se integrasen en el grupo para una fácil convivencia. Así, poco a poco fuimos conociendo los intereses de Fabio y Manu que también hacía todo lo posible para disfrutar al máximo de su viaje, involucrándose en la cultura de los países que les acogen, viviendo con contacto con la naturaleza. Conocimos su modo de viajar, más pausado, financiándose en el camino. A Alex y a mí su experiencia nos sirvió mucho para reflexionar sobre nuestro viaje y creo que desde que hablamos con ellos, cambió en nosotros nuestras perspectivas futuras y el ritmo de nuestro viaje. Sin prisa.

De charla, Alex, Manu y Fabio.
Manuela disfrutaba de la compañía de Samira, y quién no! Si nos derritía el corazón a todos  con sus brindis, sus choques de mano y sus bailes. Manu nos llenaba la casa de su risa contagiosa. Fabio paseaba con su tranquilidad, respondiendo con su acento italiano su frase mítica “a la orden bien pueda”, que tanto le gustaba a Maria; observaba detenidamente qué se cocinaba en la casa, cuando no era él el que nos preparaba junto con Manu deliciosos platos italianos y no italianos. O charlaba sobre su filosofía de vida, sus trabajos y su pasión, la fotografía, que tanto gustó a Alex.

Todos formales.
Cuando volvimos de manera inesperada a casa de Maria, después de que nos robasen, lo primero que recibimos al cruzar la puerta fue el abrazo sincero de Fabio y Manu. Un gran apoyo en aquel momento en el que nos sentíamos tan desolados y que me llegó al alma.

Y es que creo que el tema de la comida fue un gran atractivo en la casa. Porque la mayoría de los que allí estábamos disfrutábamos cocinando. Así cada día íbamos probando cosas nuevas, todos unidos a la mesa como una gran familia. Y si era día entre semana, después de cenar tocaba la serie La vendedora de rosas, famosa telenovela colombiana basada en hechos reales, a la que estaba enganchada Maria y después también Alejandro : )

Preparando la cena.



Cambio de planes, el robo

No estaba previsto que conociéramos a Óscar, pero tras el robo que sufrimos en un autobús antes de dirigirnos a Armenia (la de Colombia) trastocó nuestros planes y tuvimos que quedarnos allí más tiempo. Mientras Alex corría junto con otros policías por toda la estación de buses en busca de ladrón, el único consuelo que encontré fue llamar a Maria para contarle lo sucedido. Cuando más tarde le contó  a Alex (y él luego a mí) que cuando supieron la noticia, Alejandro, Lea y ella se echaron a llorar, yo también me puse a llorar, en un ciclo infinito de lloros y emociones por esa empatía y fraternidad. Leído desde fuera puede parecer pura moñería, pero aún a riesgo de parecerlo, no quiero dejar de plasmar aquí todos esos sentimientos y buenos momentos que pasamos con ellos. Para no olvidar.

Óscar, homo mochilerus

Óscar es como una canción de Maná, que aunque no la hayas oído antes te resulta familiar, y que puedes oírla mil veces sin cansarte porque tiene algo especial que te engancha. Que siempre te agrada escuchar y siempre tiene algo bueno que contar.

Cuando le conocimos fue como si continuásemos la charla de un día anterior. Fue tan fácil entablar conversación con él, y teníamos tantas cosas por contarnos que podríamos acompañarle en su ruta por Alaska y estoy segura que no habría un minuto de silencio.  Cuánto podríamos aprender de Óscar, de sus retos, de su ligereza de equipaje, de sus valores, de su adaptación a las dificultades y a la vida sencilla. Y por supuesto de sus recetas! Se nota que sus 17 meses viajando le han hecho crecer mucho como persona y puede estar satisfecho del resultado.
Alejandro, Alex y Óscar cocinando.

Sólo hacerte leerse el perfil de couchsurfing de este chico para saber que es único; cómo nos reímos cuando nos leía Maria algunas de sus descripciones, pata de perro.

Pascal, el hombre de la casa

El hombre de la casa, junto con otros cuantos más que se la habían invadido. Tanto decirle a Maria que queríamos conocer a Pascal, que “sólo” hizo falta un robo para que se cumpliese.
Pascal, de origen suizo pero con su acento marcado alemán, que tan graciosamente imitaba Maria. Bromeando sin parar. Haciéndonos también reír, pasar el mal trago y compartiendo sus experiencias viajeras. Me gustó su manera de expresarse, con las ideas bien claras, sin tapujos y mirando a los ojos para demostrarte su sinceridad.
Pascal, Alex, Iván, Óscas y yo con las manos en la masa.
Tan adorable con Samira y con Maria, y con el mismo cariño tratándonos a todos nosotros. Dispuesto a ayudar en todo lo que puede y tan agradecido hasta en su propia casa, cuando somos nosotros los que les estamos eternamente agradecido por todo lo que nos permitió compartir con él y con su familia. Observo una foto de Maria y Pascal que subieron hace unos días en facebook y son puro amor, Pienso en Samira, en la suerte que tiene de tener dos padres tan geniales, y los valores tan importantes que le están enseñando, con una mirada tan amplia del mundo, conociendo y conviviendo con gente de tantos países y enseñándole desde pequeña el concepto de amistad, de solidaridad y de amor; no desde la teoría sino desde la práctica.

No tendría palabras suficientes para agradecer a esta familia cada segundo que compartimos con ellos. Sin duda diamantes puros.

Alfredo e Iván, rompiendo esquenas

Los últimos días que pasamos en Santa Elena conocimos a Alfredo e Iván, hermanos mexicanos que me sorprendieron por su modo de vida, tan diferente, tan sano y tan propio. Los dos eran veganos, pero con imaginación suficiente para preparar ricos platos y llevar una dieta variada; los dos participaban en un concurso de debates, y confieso que me dejó admirada cuando le pregunté a Iván sobre ello, y con sus 17 años me explicó tan detallada y perfectamente en qué consistía. Los dos hermanos mostraban una gran madurez y  un gran respeto por todos. Entrañables los dos hermanos.
Iván, Alfredo y Óscar, el frnte mexicano.
Y a través de sus personajes es como recordamos aquellos maravillosos días de Santa Elena; porque como nos pasó en Japón, las personas y su convivencia fue lo que más nos aportó de nuestra estancia en Medellín. Los lugares bonitos también estaban allí, también los visitamos, también los capturamos en la cámara y los podremos ver cuando queramos, pero lo que estos chicos nos regalaron lo llevaremos siempre guardado en nuestro corazón.

Espero que me perdonen la licencia de hablar de ustedes  públicamente. Pero por suerte para ustedes, el público que me lee es muy pequeñito y no tengo ninguna mala palabra para ustedes. Gracias de corazón por cada uno de esos momentos compartidos. 

Santa Elena forever!  

martes, 25 de agosto de 2015

Cajamarca, saltamos hasta Perú



Hoy damos un salto en el tiempo para llegar al presente y hablar de Perú. Siguiendo un orden cronológico, tocaría hablar de Colombia, pero esa entrada estará más llena de emociones y me costará completarla. De hecho lo he intentado varios días y la voy escribiendo poco a poco, para describir aquellos días tan especiales.

Hablamos de Perú, y en concreto de Cajamarca. ¿Por qué? Pues porque le prometí a Carina que le mandaría fotos de esa ciudad, que quizás visitaría más adelante, y nuestra opinión del lugar. Así, que para no olvidar los detalles, y sin la carga emocional de otros días, nos saltamos Colombia y Ecuador y aterrizamos en Perú para contar brevemente algunas de nuestras primeras impresiones de la región de Cajamarca.

Carina

Carina y su amiga Ailin son dos chicas argentinas que nos rescataron del Parque Nacional de Cajas, cuando tras una excursión en la que nos perdimos, se alargó el doble de lo previsto, y acabamos cansados, mojados, helados de frío y llenos de barro, ellas nos pararon con su coche para llevarnos hasta Cuenca. Al final se quedaron dos días donde nos alojábamos nosotros y nos pudimos reír y compartir charlas.  Ailin más tranquila y pausada; Carina un torbellino que me hacía muchísima gracia como hablaba y a ella cómo lo hacía yo. Así que aquí va dedicada la entrada de Cajamarca, por si se anima a visitarla.
Matías, Alex, Ailin, Carina, Adriana y yo desayunando en la casa de Cuenca (Ecuador).
Cajamarca, la ciudad del queso

Cajamarca es un departamento de Perú cuya capital es la ciudad del mismo nombre.

Ciudad tranquila, con La Plaza de Armas como centro neurálgico. Allí se reúne la gente a pasar la tarde, leer la prensa, hacer ganchillo, tomar el sol, comerse un helado de la famosa Heladería Holanda y ver el ir y venir de gente.  Además de la importancia histórica, porque fue allí donde Pizarro capturó por sorpresa al inca Atahualpa.

Plaza de Armas.

Plaza de Armas.
 En los alrededores, varias iglesias y lugares de interés como el mirador y el Cuartel de Rescate de Atahualpa, único vestigio inca en la ciudad.


Merece la pena pasarse por la oficina de turismo, donde te atienden amablemente y te dan la información más completa y detallada de la ciudad y alrededores, con horarios, precios y movilidad para visitar cada lugar de interés.




Subida al mirador.




Mercados y gastronomía

Cajamarca está repleta de tiendas de productos lácteos donde venden yogures, y quesos, muy famosos en la zona.  Y no solo hablamos de queso fresco, también queso tipo suizo y hasta parmesano.
Tienda de quesos.
Hay varios mercados de verduras, frutas, carnes, chocolate (ojo, que es amargo total, sin azúcar) y por supuesto quesos; en los alrededores, gran concentración de señoras con sombreros gigantes que venden en la calle sus productos caseros. A destacar, el pan de agua. Rico para comerlo solo!
Pan de agua.


Aparte de los platos típicos del país, también tenemos ocasión de probar diferentes opciones de comida callejera, que tanto nos gusta. Street food lovers!

Lomo saltado.


Escarabajos y sombreros

En la ciudad, afloran en Alex y en mí dos obsesiones particulares. Alex está obsesionado con fotografiar los coches escarabajos que captura con la cámara fotográfica y su recién descubierto  filtro de color. Yo me acerco con sigilo por las esquinas para retratar esos sombreros gigantes de paja toquilla, también muy populares.  


 

Mototaxi que recuerdan a los de India, otro modo de transporte.
Señoras con sombreros bien grandes.



Alrededores de Cajamarca

Cajamarca ofrece la posibilidad de visitar varios sitios de interés, muy cercanos y que permiten visitarlos en medio día.

Las ventanillas de Otuzco

A unos 15 minutos en minibús se encuentran estos pequeños nichos escavados en la roca por la cultura cajamarca en el año 1200 a.c., mucho antes de que los incas y los españoles llegaran allí. Escuchamos gratis una charla que ofrece un guía para todos los que nos encontramos allí, acerca del lugar. Que finalmente se extiende a la guerra civil entre Huascar y Atahualpa, la llegada de los españoles y la captura de Atahualpa por parte de Pizarro. 








Baños del inca
A pocos kilómetros de Cajamarca se encuentra Baños del Inca, con un complejo de aguas termales que brinda la posibilidad de probar diferentes servicios como hidromasajes, sauna, piscina y pozas termales privadas. Nosotros elegimos las últimas. Totalmente recomendables, aunque sales tan relajado de allí que después cuesta volver a la realidad.

Aguas termales a 72ºC.



En la poza termal imperial.

Baño donde se encontraba Atahualpa cuando los españoles fueron a invitarle a una cena con Pizarro.


En los propios baños se puede visitar un museo con artesanía del lugar y con una particular colección de cerámica erótica mochica. 







Cumbemayo

 Es un parque de piedra muy bonito, pero que nosotros no visitamos porque se parecía muchísimo a uno que habíamos visitado en China.
Cumbemayo, foto de www.arqueotur.org

Y por último, tuvimos la suerte de ver un desfile de trajes regionales y de otros países porque se celebraba el día del Folklore.
Niños con trajes regionales.

Representación de Bolivia.


Así que por todo esto y mucho más, te recomendamos la visita a Cajamarca. :-)

Primeras impresiones de Perú


Gente muy amable, simpática, con ganas de entablar conversación, interesados por nuestro país y con ganas de informarnos sobre el suyo. Curiosos por saber qué nos llevó a Perú, qué visitamos y por qué. Tal y como esperábamos, nos está gustando muuuucho!!!